A lo largo de nuestras vidas nos encontramos con muchos muros, algunos son sólo vallas para nosotros o, incluso, líneas pintadas en el suelo. Los obstáculos que existen para otros pueden no ser gran cosa para nosotros, como si tuviéramos un bazuca creado exactamente para eso, pero para otros pueden ser insuperables.
Mi muro particular es la búsqueda de empleo (hasta aquí ningún misterio). Cada vez que lo intento escalar me duele más la caída. Es algo que no sé cómo afrontar, que continuamente tengo la sensación de estar haciendo mal, de haberme confundido en un punto del camino que me trajo a este punto sin las herramientas necesarias para superarlo. Me crea un miedo que me paraliza, que me encoge y me hace temblar, que me hace dudar de qué puedo y qué no puedo hacer, que me hace olvidar de qué soy capaz y todos los muros que he superado hasta llegar aquí. Dudo de todo, de mi capacidad de pensar, de actuar, de escribir. Me convierte en un ser disfuncional que ni reconozco.
Sé que para otras personas hay otras cosas que les hacen sentir exactamente igual. (Sí, vale, hay algunos que no lo admitirían ni aunque les torturaras de formas dolorosas y creativas.) Es sentir que llegas a un punto en el que la impotencia te puede.
Conozco a varios para los que eso ha sido la tesis doctoral. Hay muchos obstáculos para conseguir una tesis doctoral, desde los materiales, como el dinero, hasta los de carácter más específico, como el tema de estudio. Pero la sensación a la que llegas acaba siendo la misma: que no vales.
Cuando te encuentras con un muro que sientes que no puedes superar, que miras y cada vez es más alto, que parece que te mira y te dice "sé que no vales", hay gente que intenta superarlo una y otra vez, tendiendo cuerdas e intentando subir por ellas hasta tener las manos en carne viva; que intenta escalar sin cuerda hasta perder todas las uñas; que lo golpea hasta pelarse los nudillos (o romperse las muñecas, que hasta golpear hay que saber cómo hacerlo). Cada nuevo intento te deja más dolorido que el anterior, más cansado pero, aun así, hay gente que sigue buscando los medios para llegar arriba o derrumbar el muro y lo acaban consiguiendo o pereciendo en el intento.
Hay gente que lucha, da varios golpes, araña la pared y luego lo deja. Creen al muro cuando les dice "no puedes hacerlo" y el muro les acaba ganando la partida.
Creo que en mi vida sólo me he rendido ante un muro. Una muralla acorazada tan alta que parecía que rozaba el cielo, de piedras tan bien encajadas que no necesitaban argamasa. Pero no era mi muro para derribar, sólo para golpearme contra él y que fuera más fácil romperlo desde el otro lado. Ante ese sí que me rendí, no era mi batalla que luchar, no era mi guerra.
He pensado en dejar el muro de la búsqueda de empleo, después de dos años intentándolo hay días que no sé por qué lo sigo intentando. Podría conformarme con ser una mujer florero y conformarme con llevar mi casa y cuidar de mi marido (Suena taaan poco yo, la verdad) ¿Podría conformarme realmente o una parte de mí moriría en el proceso?
Sinceramente amor, no creó que valgas para mujer florero.
ResponderEliminarNi es mía la frase que dice "nena tu valea mucho" sigue luchando, porque eres una luchadora, puedes descansar para coger fuerzas, pero nunca rendirse, nunca.