Llevo unos días dándole vueltas a algo, diría que es un sueño, pero no lo es, es más bien una sensación. Una imagen de cómo me siento a veces por dentro. Un amigo dice que todos tenemos algo de oscuridad dentro.
La mía es una habitación cerrada. Los muros los he puesto yo misma, he apuntalado las paredes con las decisiones que he ido haciendo hasta que no llega la luz dentro. Algunas partes de mí se quedaron fuera y otras van muriendo lentamente encerradas aquí. Hay partes de mí que me parece imposible que existieran: no reconozco a la mujer que parecía imparable y que podía con todo; a la de genio rápido a la que todo le parecía interesante y digno de estudio; a la joven y sensual. Encerrarme aquí no me da paz, no me hace fuerte. En cierto sentido es producto de la tristeza, de la soledad aunque estés con gente, de sentir que nadie lo entiende, o que a nadie le importa.
No sé cuál fue el último clavo, pero sé que no puedo salir. He golpeado las paredes y el suelo con rabia hasta pelarme los nudillos y acabar dolorida; he gritado hasta quedarme afónica; y he llorado hasta que ya no me quedan lágrimas por derramar. He acabado exhausta y vacía en el suelo, rodeada de oscuridad. Ya no lucho, ya no encuentro razones para ello, he quedado reducida a esto.
Aquí leo o enciendo la tele, todo el mundo tiene formas de escapar de lo que les rodea. En mi caso son las historias. Hace meses abrí una ventana a mi propio mundo. Nacido hace muchos años, congelado cuando me vi incapaz de hacerlo avanzar. Ahora se mueve. Es un mundo que sangra por la guerra, un mundo en el que parece que nadie es totalmente bueno porque los personajes tienen mucha oscuridad dentro. Historias de dolor y muerte que les marcan. Es un mundo sensual, lujurioso casi, en el que existe el amor y la pérdida. Sensaciones que les hacen gritar y romperse. Mi oscuridad no tiene vistas a un mundo alegre.
Hace más tiempo traje a algo más aquí. A veces pienso que no debería haberlo hecho, últimamente. Aquí no hay alegría, traer algo aquí es condenarlo a la oscuridad y la tristeza. ¿Si algo creciera aquí se quedaría ciego? ¿Le impediría ver el resto del mundo por exceso de luz?
Sé que estoy rodeada de las oscuridades de otros: algunas son nuevas, otras son viejas; algunas hablan de frustración y deseo insatisfecho, otras son tan mías que su historia está escrita con sangre en mi pared. Si hubiera luz vería las manchas, los arañazos, los golpes. A veces es mejor no ver.
He intentado salir, pero sólo ha conseguido encerrarme más dentro. Aprisionándome, haciéndome cada vez más pequeña. Tampoco se puede intentar traer una vela un solo día porque se acaba consumiendo, ni salir a tomar aire. La oscuridad sigue ahí, detrás de la máscara de sonrisas porque morir por dentro enseña a fingir. La sensación de estar atrapado, de apagarse lentamente, regresa a la vuelta. Salir implicaría dejar atrás todo lo que me ata aquí. Algunas paredes no desaparecerían nunca, pero puede que volviera a ver el cielo.
Así me siento, a veces, la mayor parte de los días.
No hay comentarios:
Publicar un comentario