viernes, 11 de agosto de 2017

La máquina perfecta

Ploc ploc
La máquina perfecta gotea de nuevo.
Pequeñas gotas se escapan por algún sitio como pequeños rubíes y caen al suelo con un sonido sordo que parece que sólo se oye en el más absoluto silencio.
Ploc, ploc
Está haciendo un pequeño charco encima de todos los viejos. Algunas veces me pregunto si llegarán a secarse del todo algún día.
La máquina perfecta no es tan perfecta, tiene cierta tendencia a romperse, agrietarse, resquebrajarse.
Algunas veces le he hecho una soldadura, otras la he remachado poniendo una placa nueva, pero sigue rompiéndose. Ya parece que esté hecha de retazos, unos puestos sobre otros hasta que no se ve el material original. Puede que necesite otro más.
Ploc, ploc
Las tiritas se sueltan.
Las soldaduras de estaño se ennegrecen y acaban por romperse como si nunca hubieran estado allí.
Algunos remaches aguantan, filas y filas de ellos, soportando placas que sujetan grietas que podrían haberla partido en dos.
Ploc, ploc
Creo que le doy demasiado uso, que tiene demasiada presión. Bombea, se agrieta, la arreglo, vuelve a bombear de nuevo y me olvido de que puede aparecer una nueva raja en su superficie.
Ploc, ploc
No sé por dónde gotea. La miro, la analizo y sigo sin saberlo. Funciona, pero está rota. Puede que se le haya soltado un remache, que una placa esté suelta, que una soldadura se esté rompiendo, no sé cómo arreglarla ahora mismo.
Si cierro los ojos y me concentro, puedo oír las gotas caer por encima del resto del ruido. Por encima del bombeo, del ruido que hace el líquido al correr por las tuberías.
Ploc, ploc
Últimamente ha tenido demasiado trabajo, han sido unos meses duros y no parece que vaya a mejorar en breve. Algunas veces me pregunto cuánto falta para que aparezca una brecha que no pueda reparar. Pude hacerlo la primera vez. Y las siguientes. Algún día llegará la última. Siempre hay una última.
Ploc, ploc
La observo, la miro y me pregunto si esa última estará cerca.
La máquina perfecta, no tan perfecta, gotea. Creo que me quedaré un rato mirando qué es lo que falla. Si es una junta, un remache, una soldadura...

martes, 18 de julio de 2017

Síndrome de abstiencia

Te cortan el grifo y no tarde en llegar ese enemigo silencioso que te haría suplicar por una nueva dosis.
Añoras como el contacto de la aguja te hacía sentir un toque electrizante, una sensación adormecedora a la que te abandonabas o una excitación perversa que te hacía subir a las alturas.
Sabes que es posible que nada te haga sentir igual, que no todas las drogas son iguales. El corte perfecto, la mezcla perfecta de ingredientes que se adaptaba a ti. Difícil de encontrar, imposible de replicar.
Notas que te falta. Notas que te pica la piel, tienes el estómago revuelto y te duele la cabeza. No duermes porque tu mente divaga, no comes porque la comida es para aquellos que no se sienten así. Tu cuerpo está muriendo. Cada una de tus células grita que quiere más, un pico más, una dosis más. Pero no la hay.
Toca superar el dolor de alguna forma, esperar que tu cuerpo lo elimine, confiar en que algún día no te sientas morir.


(Nota: Es un texto méramente metafórico, en el consumo de drogas me limito a la cafeína y al alcohol, y este último de forma ocasional)