Se podría decir mucho de mi estado actual, que estoy apática y me doy a las
drogas sería lo más normal (me he leído la trilogía de "El corredor del
laberinto" en 5 días); también hago vida monacal, casi no hablo con nadie
y mi vida social tiende a ser nula (que alguien me saque a tomarme una cerveza,
por dios. Admito hasta secuestros exprés de fin de semana), y duermo demasiado.
Dormir demasiado es malo, lo sé... y tener hábitos de vida nocturnos
también... Pero sueño mucho. No sé si es por tener que procesar un montón de
información, que realmente creo que proceso a medias (memoria pez), o como un
mecanismo de escape ante la realidad. Sé que todo el mundo sueña aunque no se
acuerde de lo que sueña, yo me acuerdo de mis sueños (a veces no puedo
olvidarlos) y me lo paso bien soñando (por norma general). Ahí van dos de los
de esta semana:
- Soñé con un juego de mesa que no existe. Bueno, podía ser un juego de mesa
similar al Zombis o ser un juego de rol de mesa, la verdad es que no me paré a
mirar las instrucciones (o el manual de juego) sólo recuerdo la partida.
Consistía, básicamente, en que teníamos que llegar a un avión que estaba en un
hangar gigante, pero teníamos que matar a un montón de zombis antes. No estaba sola,
claro, jugaba con más gente, pero no recuerdo quienes eran. Recuerdo que
teníamos que registrar dos helicópteros que estaban cerca de la entrada y de
los que salían zombis según te acercabas. Después teníamos que
"limpiar" el piso de arriba del hangar (que por alguna extraña razón
existía y se parecía a una iglesia). Por último, teníamos que despejar la pista
de aterrizaje. La verdad es que era medio juego de tablero y medio real... pero
había un tablero con teselas, helicópteros de lego y miniaturas (o muñequitos,
si eres pagano) y todo venía en una caja.
- Soñé que vivía con alguien pero que estaba enamorada de otro (soy una
patata casada, lo sé). De ese sueño lo único que recuerdo es la casa que tenía
el tío del que estaba enamorada (no recuerdo al tío en sí, patata casada, ya lo
he dicho) que era un ático enorme y diáfano en un rascacielos y con vistas, por
un lado a la ciudad y por otro al mar. Era un sitio realmente precioso (y
enorme), de esos que no me voy a poder permitir ni aunque viva mil años (bueno,
con mil puede que sí, pero no creo que pudiera disfrutar de las vistas).
Y ahora mismo no recuerdo más aunque sé que los hubo. Creo que debería de
tomarme un tiempo todos los días para apuntarlos, pero la última vez acabaron
siendo un manuscrito de miles de páginas y no sé yo si estoy para tanta
comedura de tarro nocturna.
miércoles, 26 de noviembre de 2014
jueves, 20 de noviembre de 2014
Íñigo Montoya
Sé que últimamente
escribo menos, llevo varios días de bajón y me cuesta hacer hasta las cosas más
tontas. Me siento un poco como Íñigo Montoya en esa memorable escena... (La de "Soy Íñigo Montoya, tú mataste a mi padre...) No, esa
no, la otra... (La de "He dedicado tanto tiempo a la venganza....) No, esa tampoco. Vale, esta:
"-
Estoy esperando a Vizzini. Dijo que volviera a donde todo empezó. Y eso hice.
Aquí estoy, y aquí me voy a quedar. No me moveré.
- Alto ahí.
- No me voy a mover. Olvida tu "Alto ahí."
- Pero el príncipe dio la orden.
- También lo hizo Vizzini. Cuando algo sale mal, vuelves al principio. Y aquí es donde conseguí el trabajo. Es el principio, y me voy a quedar hasta que llegue Vizzini."
- Alto ahí.
- No me voy a mover. Olvida tu "Alto ahí."
- Pero el príncipe dio la orden.
- También lo hizo Vizzini. Cuando algo sale mal, vuelves al principio. Y aquí es donde conseguí el trabajo. Es el principio, y me voy a quedar hasta que llegue Vizzini."
No es que me dé a la botella, no recuerdo cuándo fue
la última vez que me emborraché, sé que no fue en mi boda ni en la despedida,
creo que forma parte de tiempos pretéritos. Ahora mismo podría decirse que
estoy agarrada a mi botella metafórica que consiste, básicamente, en leer
literatura juvenil y jugar al pc.
Llevo toda la semana de bajón, exactamente no sé por
qué, alterno momentos de querer gritar y querer llorar pero ninguna de las dos
cosas me sale natural. Me siento tonta llorando porque no sé por qué lloro.
Sólo estoy aquí, con mi botella (metafórica, recordémoslo) esperando al maldito
Vizzini.
Creo que he pasado por la fase de la negación, la
del enfado y la de la negociación tras mi ruptura laboral y ahora estoy en la
del dolor emocional. Ese dolor emocional que te hace pensar que nadie más te
querrá nunca (para un trabajo, se entiende), ese que hace que nada tenga
sentido (en la búsqueda de trabajo, se entiende), ese que hace que tengas ganas
de llorar hasta que acabas llorando a mares porque no hay helado de chocolate
en el supermercado (como en “Cosas que nunca te dije” de Isabel Coixet).
Siempre me ha gustado esa escena. La protagonista ve
a alguien llorar en el supermercado porque no hay helado y no lo entiende y un
tiempo después le pasa a ella. Es hasta cómico ver al dependiente ofreciéndole
tipos de helados diferentes y a ella llorando porque no hay de chocolate. Creo
que ilustra perfectamente ese momento en el que lloras por todo y por nada.
Todavía no he llegado a eso, estoy en el momento previo, pero todavía no he
encontrado la nimiedad que me haga ponerme a llorar y desahogarme. Así que, más bien,
estoy esperando a Fezzik.
jueves, 13 de noviembre de 2014
La mesa de las cabezas cortadas
Ayer estuve cosiendo (sí, sigo cosiendo), no es algo extraordinario y
debería de hacerlo más, lo sé.
Ayer fue día de seguir con las fundas del sofá (eso es la historia interminable, me da vergüenza hasta nombrarlas) que me encargaron hacer en Agosto. He de reconocer, en mi descargo, que agosto es horrible para comprar cualquier tipo de material, y que septiembre y octubre entre el trabajo y la boda fueron un caos. Pero bueno... ¿qué pasó ayer que lo haga especial?
Ayer estuve cosiendo el cordón de los bordes de los cojines, ese que no entra por el prensatelas de poner cordón porque la tela es demasiado gruesa y que si lo haces con el prensaletas de cremalleras normales la tela casi no corre (yo-que-sé-por-qué).
Para poneros en antecedentes os voy a presentar a mi máquina de coser:
La tengo desde hace más de tres años, me la compré en un mercadillo por 40€ (o así) sin manual de instrucciones ni caja. Ella y yo nos entendemos, no es mala chica. Con ella he arreglado corpiños, hecho vestidos, es una buena chica. De hecho, cuando iba a clase la llevaba de paseo y no atacaba a nadie. Tiene un par de particularidades, entre ellas que la tensión del hilo va un poco de aquella manera, pero como nos conocemos no hay problema. La he desmontado para engrasarla y no se ha quejado. Lo dicho, es muy buena.
Salvo cuando se rebota, cuando se rebota es una **** (insértese el insulto que prefiera). Hace un tiempo tuvo un día en el que quería comer y hasta que no la limpié cuidadosamente y la engrasé no funcionó. Así, de un momento a otro dijo "pues ahora me enfado y no coso". Ayer le dio por ser pirata y descabezar agujas. A cualquiera se le puede romper una aguja en algún momento, lo sé. Pero en los primeros 3 años que tuve la máquina no se me rompió ninguna aguja, ni siquiera cuando la llevaba a pasear, ayer rompí 3. ¡3! Me dejó sin agujas a media tarde.
Sé que el fallo puede ser mío, entiéndase, que las agujas con las que venía la máquina no sean las correctas para coser el tipo de tela que estoy cosiendo. Soy consciente de eso, pero da rabia igual. Iré a comprarle agujas nuevas y a ver si con eso va mejor. También hay que tener en cuenta que la tela suelta pelusilla negra cuando la coses, así que cada poco la desmonto el canillero y la limpio con cuidado. A ver si con suerte, la próxima vez que os hable de ella es porque he acabado las fundas.
Ayer fue día de seguir con las fundas del sofá (eso es la historia interminable, me da vergüenza hasta nombrarlas) que me encargaron hacer en Agosto. He de reconocer, en mi descargo, que agosto es horrible para comprar cualquier tipo de material, y que septiembre y octubre entre el trabajo y la boda fueron un caos. Pero bueno... ¿qué pasó ayer que lo haga especial?
Ayer estuve cosiendo el cordón de los bordes de los cojines, ese que no entra por el prensatelas de poner cordón porque la tela es demasiado gruesa y que si lo haces con el prensaletas de cremalleras normales la tela casi no corre (yo-que-sé-por-qué).
Para poneros en antecedentes os voy a presentar a mi máquina de coser:
La tengo desde hace más de tres años, me la compré en un mercadillo por 40€ (o así) sin manual de instrucciones ni caja. Ella y yo nos entendemos, no es mala chica. Con ella he arreglado corpiños, hecho vestidos, es una buena chica. De hecho, cuando iba a clase la llevaba de paseo y no atacaba a nadie. Tiene un par de particularidades, entre ellas que la tensión del hilo va un poco de aquella manera, pero como nos conocemos no hay problema. La he desmontado para engrasarla y no se ha quejado. Lo dicho, es muy buena.
Salvo cuando se rebota, cuando se rebota es una **** (insértese el insulto que prefiera). Hace un tiempo tuvo un día en el que quería comer y hasta que no la limpié cuidadosamente y la engrasé no funcionó. Así, de un momento a otro dijo "pues ahora me enfado y no coso". Ayer le dio por ser pirata y descabezar agujas. A cualquiera se le puede romper una aguja en algún momento, lo sé. Pero en los primeros 3 años que tuve la máquina no se me rompió ninguna aguja, ni siquiera cuando la llevaba a pasear, ayer rompí 3. ¡3! Me dejó sin agujas a media tarde.
Sé que el fallo puede ser mío, entiéndase, que las agujas con las que venía la máquina no sean las correctas para coser el tipo de tela que estoy cosiendo. Soy consciente de eso, pero da rabia igual. Iré a comprarle agujas nuevas y a ver si con eso va mejor. También hay que tener en cuenta que la tela suelta pelusilla negra cuando la coses, así que cada poco la desmonto el canillero y la limpio con cuidado. A ver si con suerte, la próxima vez que os hable de ella es porque he acabado las fundas.
viernes, 7 de noviembre de 2014
True Blood
Tras mi post de desamor laboral (todavía le estoy dando vueltas al tema y a
cómo me puedo replantear la relación. Soy cabezota, sí) vamos con un post
personal.
¡Ohh Dioss miiio! (Vale, sí, sigo pensando en la voz de Janice en la cabeza)
¡Con ese título seguro que va de sexo vampírico!
Ejem, no. Nada de alarmarse, esto va de sangre.
Llevo años siendo donante, tengo uno de esos grupos sanguíneos con los que
donar es casi una obligación moral, soy donante universal. Me gusta donar, no
sólo por los mensajes de que necesitan sangre de tu tipo o que van a estar
realizando extracciones en determinado lugar los días siguientes (a.k.a.
"queremos tu sangre") y los de "no tienes hepatitis de ningún
tipo ni SIDA" (a.k.a. "estás muy buena") sino porque me
proporciona esa sensación de que estoy haciendo algo bueno.
Vale... me encantan las cartas de "estás muy buena" siempre me rio
cuando las recibo, aunque sólo sea por la forma en la que decido entenderlas.
El otro día me hicieron unos análisis de sangre para descartar que tuviera
alguna enfermedad que afectara a mi coagulación sanguínea y, ahora que lo
pienso, dependiendo de qué salga como resultado tendré que dejar de donar
sangre. No quiero que nadie se ponga malo por mi culpa.
El tema es la forma en la que decides ver el mundo a veces (supongo que es
una de las ventajas de tener un poco de artista). Podría tener miedo de las
enfermedades que pudiera tener (algunas son realmente chungas), podría
cabrearme por tardar más de una hora para que me saquen sangre y para pedir
hora para que me den los resultados, pero decido tomármelo a cachondeo. La
mañana se desarrolló de la siguiente forma:
Llego a sacarme sangre como 20 minutos antes de lo que me habían dicho y
tengo que pedir número. Al pedir número la enfermera se da cuenta de que las
hojas no tienen etiqueta con mi nombre y lo garabatea en todas las páginas (sí,
garabatear, porque ni yo lo reconocía como mi propio nombre) lo que hace que se
forme una cola larga detrás de mí de gente enfadada (supongo que por no haber
desayunado, eso siempre enfada un poco).
Espero estoicamente los 15 números que había delante de mí y voy a entrar
cuando me dan el alto. Las enfermeras siguen llamando aunque hay como 4 números
esperando a la puerta que están enfadados (la falta de desayuno, ya lo he
dicho). Después de que una señora se ponga a gritar desde la puerta, una
enfermera nos hace entrar a todos. He de decir que dentro había dos puestos
vacíos, la gente esperaba fuera porque desde la puerta no se veían y las
enfermeras seguían llamando porque no entraba nadie... Todo muy lógico ¿verdad?
Cuando se queda libre un puesto me siento y la enfermera se marcha...
Vaaaale... Resulta que había una pobre chica (llamémosla Ana porque el mundo
está lleno de Anas) sacándose sangre a la que no le encontraban la vena y mi
enfermera fue a ayudar.
2 minutos después viene otra enfermera y se pone a mirar qué tubos me tiene
que sacar, cuando llega a las 4 tubos en hielo tiene que pedir ayuda porque no
sabe cómo se hace eso. Vuelve con los tubos en hielo y... se marcha a ayudar
con Ana.
5 minutos después viene otra enfermera y se pone a contar tubos. Los agrupa
por hojas para no dejarse ninguno y pone etiquetas. ¿Por qué tanto contar
tubos? Pues porque eran 5 hojas que necesitaban 13 tubos. Cuando acaba me mira
el brazo, creo que pensando que, o tenía una buena vena, o se iba a pasar los
próximos 20 minutos para sacarme sangre.
Una ventaja de ser donante desde hace más de 10 años es que sé dónde me
tienen que pinchar. Sé exactamente dónde me tienen que pinchar, lo que hace que
siempre diga: "aquí está la vena" y, si he donado entre uno y dos
meses antes, "aquí, en la marca" o "sigue la línea de
puntos". Se me nota mucho la marca cuando dono, será por el tipo de piel.
Cuando íbamos con el 3º tubo Ana acabó de hacerse los análisis. En serio,
pobrecilla, seguro que acabó pareciendo una yonki (o un alfiletero, como se
quiera decir). Yo no sé cuánto tardé, iba rápido y sin problemas. Cuando acabé no
estaba mareada ni nada.
Otra ventaja de donar, al lado del medio litro (aprox.) que te sacan cuando
donas, 13 tubos es un paseo por las nubes.
De hecho, no desayuné después, tardé como otra media hora más. Porque
intenté pedir hora para que me dieran los resultados. Sí, intentar es la
palabra. No me dieron hora, me llegará una carta en algún momento con la hora y
fecha de la próxima consulta. Puede que a finales de enero.... con suerte...
sepa si tengo la sangre chunga o no.
A lo mejor descubro que no es sangre de verdad, sino algún sucedáneo
defectuoso (de ahí el título)
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