viernes, 7 de noviembre de 2014

True Blood

Tras mi post de desamor laboral (todavía le estoy dando vueltas al tema y a cómo me puedo replantear la relación. Soy cabezota, sí) vamos con un post personal.

¡Ohh Dioss miiio! (Vale, sí, sigo pensando en la voz de Janice en la cabeza) ¡Con ese título seguro que va de sexo vampírico! 

Ejem, no. Nada de alarmarse, esto va de sangre. 

Llevo años siendo donante, tengo uno de esos grupos sanguíneos con los que donar es casi una obligación moral, soy donante universal. Me gusta donar, no sólo por los mensajes de que necesitan sangre de tu tipo o que van a estar realizando extracciones en determinado lugar los días siguientes (a.k.a. "queremos tu sangre") y los de "no tienes hepatitis de ningún tipo ni SIDA" (a.k.a. "estás muy buena") sino porque me proporciona esa sensación de que estoy haciendo algo bueno.
Vale... me encantan las cartas de "estás muy buena" siempre me rio cuando las recibo, aunque sólo sea por la forma en la que decido entenderlas.

El otro día me hicieron unos análisis de sangre para descartar que tuviera alguna enfermedad que afectara a mi coagulación sanguínea y, ahora que lo pienso, dependiendo de qué salga como resultado tendré que dejar de donar sangre. No quiero que nadie se ponga malo por mi culpa.

El tema es la forma en la que decides ver el mundo a veces (supongo que es una de las ventajas de tener un poco de artista). Podría tener miedo de las enfermedades que pudiera tener (algunas son realmente chungas), podría cabrearme por tardar más de una hora para que me saquen sangre y para pedir hora para que me den los resultados, pero decido tomármelo a cachondeo. La mañana se desarrolló de la siguiente forma:

Llego a sacarme sangre como 20 minutos antes de lo que me habían dicho y tengo que pedir número. Al pedir número la enfermera se da cuenta de que las hojas no tienen etiqueta con mi nombre y lo garabatea en todas las páginas (sí, garabatear, porque ni yo lo reconocía como mi propio nombre) lo que hace que se forme una cola larga detrás de mí de gente enfadada (supongo que por no haber desayunado, eso siempre enfada un poco).
Espero estoicamente los 15 números que había delante de mí y voy a entrar cuando me dan el alto. Las enfermeras siguen llamando aunque hay como 4 números esperando a la puerta que están enfadados (la falta de desayuno, ya lo he dicho). Después de que una señora se ponga a gritar desde la puerta, una enfermera nos hace entrar a todos. He de decir que dentro había dos puestos vacíos, la gente esperaba fuera porque desde la puerta no se veían y las enfermeras seguían llamando porque no entraba nadie... Todo muy lógico ¿verdad?
Cuando se queda libre un puesto me siento y la enfermera se marcha... Vaaaale... Resulta que había una pobre chica (llamémosla Ana porque el mundo está lleno de Anas) sacándose sangre a la que no le encontraban la vena y mi enfermera fue a ayudar.
2 minutos después viene otra enfermera y se pone a mirar qué tubos me tiene que sacar, cuando llega a las 4 tubos en hielo tiene que pedir ayuda porque no sabe cómo se hace eso. Vuelve con los tubos en hielo y... se marcha a ayudar con Ana.
5 minutos después viene otra enfermera y se pone a contar tubos. Los agrupa por hojas para no dejarse ninguno y pone etiquetas. ¿Por qué tanto contar tubos? Pues porque eran 5 hojas que necesitaban 13 tubos. Cuando acaba me mira el brazo, creo que pensando que, o tenía una buena vena, o se iba a pasar los próximos 20 minutos para sacarme sangre. 
Una ventaja de ser donante desde hace más de 10 años es que sé dónde me tienen que pinchar. Sé exactamente dónde me tienen que pinchar, lo que hace que siempre diga: "aquí está la vena" y, si he donado entre uno y dos meses antes, "aquí, en la marca" o "sigue la línea de puntos". Se me nota mucho la marca cuando dono, será por el tipo de piel.
Cuando íbamos con el 3º tubo Ana acabó de hacerse los análisis. En serio, pobrecilla, seguro que acabó pareciendo una yonki (o un alfiletero, como se quiera decir). Yo no sé cuánto tardé, iba rápido y sin problemas. Cuando acabé no estaba mareada ni nada.
Otra ventaja de donar, al lado del medio litro (aprox.) que te sacan cuando donas, 13 tubos es un paseo por las nubes.
De hecho, no desayuné después, tardé como otra media hora más. Porque intenté pedir hora para que me dieran los resultados. Sí, intentar es la palabra. No me dieron hora, me llegará una carta en algún momento con la hora y fecha de la próxima consulta. Puede que a finales de enero.... con suerte... sepa si tengo la sangre chunga o no.
A lo mejor descubro que no es sangre de verdad, sino algún sucedáneo defectuoso (de ahí el título)

No hay comentarios:

Publicar un comentario