lunes, 20 de octubre de 2014

Sara en el país de las maravillas


Seamos sinceros, no existirían las aventuras de Alicia en el país de las maravillas si no fuera por el conejo blanco.

En mi caso, no sé si he llegado persiguiendo al conejo o he sido yo la que se ha convertido en conejo blanco mirando constantemente el reloj y diciendo que no llega a tiempo.

Por una parte, toca acostumbrarse a tener que estar a mil cosas, a tener una agenda apretada y a trabajar con deadlines ajustados. Puede que el trabajo en sí sea el conejo blanco. Cada uno tiene su horario apretado porque hay que cumplir horarios y no se puede llegar tarde. Entendedme, no creo que me vayan a cortar la cabeza, pero los deadlines hay que cumplirlos, en mi trabajo y en todos, o por lo menos intentarlo.

Por otra, toca acostumbrarse al transporte. Ays... en transporte... Si todos fueran como una madriguera de conejo que te llevara al país de las maravillas... Hay que levantarse pronto para pillar el bus que te lleve al AVE que te lleve al cercanías para llegar caminando al trabajo. No es nada nuevo, ni nada raro. Afortunadamente no he tenido que pedir indicaciones a los hermanos Tweedledee y Tweedledum, ni nadie se ha comportado conmigo como el Gato de Cheshire.

No me cabe duda de que en este trabajo encontraré alguna maravilla y hasta puede que me encuentre con personajes como del de Alicia. Toca esperar para ver qué me encuentro, afortunadamente, en este cuento, no hay reina de corazones.

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