lunes, 26 de octubre de 2015

Groupie

Todos aquellos que me conocen saben que soy una yonqui. Se podría decir que soy politoxicómana porque siempre estoy escuchando música, porque me encanta ver películas y series y normalmente las disfruto. Pero eso no es nada al lado de mi verdadera droga: la lectura. Leo mucho, muchísimo. Es mi vía de escape, cuando leo desaparece todo lo demás durante un tiempo. Supongo que podría considerarse hasta un problema, pero creo que no he llegado a tanto.... ¿no?

Los que me conocen bien sufren con asiduidad, saben que soy una groupie. No sólo me gusta leer, sino que hay personajes que me acaban gustando mucho o cayendo bien, hay algunos a los que les acabo cogiendo cariño. Normalmente son personajes masculinos, por alguna razón con los femeninos no me pasa lo mismo. Los efectos de ser groupie los suelo suavizar, intento recomendarle los libros a la gente, pero normalmente acabo no teniendo nadie con el que comentar los libros en su momento, así que supongo que es un sentimiento que reprimo en su mayor parte hasta que desaparece.

Cuando era joven pequeña adolescente me pasó, por ejemplo con Seoman de la saga Añoranzas y Pesares de Tad Williams y con Do'Urden de la saga El elfo oscuro de R.A. Salvarote. La primera me la he vuelto a leer después de un tiempo (son 5 libros) y le sigo teniendo cariño al personaje, pero no es lo mismo. La segunda... no he intentado volver a leerla pero creo que sería un gran desastre, puede que de proporciones épicas.

Supongo que los que me leéis habitualmente sabéis que hace algo menos de un año me pasó con Patch de la saga Hush, Hush de Becca Fitzpatrick. Supongo que parte del cuelgue se debió al momento, o a que me recordó algo que había olvidado, o a que me recordaba a alguien con el que llevaba tiempo sin hablar (y con el que volví a hablar).
Son 4 libros, os recuerdo, fáciles de leer y recomendables para ser literatura juvenil.

Más recientemente me ha pasado con Miles Vorkosigan de la saga Vorkosigan de Lois McMaster Bujold.
Miles es Miles. No es que me atrajera físicamente, si alguno os habéis leído la saga sabréis perfectamente por qué. Es...digamos que no tiene un concepto de sí mismo muy halagador y, como es el que más habla de sí mismo, pues no tienes una imagen demasiado agradable de él. Eso sí... tiene personalidad para él y para otro... mmmm... Bueno, que tiene mucha personalidad, es carismático, manipulador (pero no en el sentido malo de la palabra) y súper inteligente. Una de esas personalidades que odias o te enamora.
A mí esas personalidades me enamoran. Me hacen sonreír de forma un tanto maliciosa. Me pasa con los juegos de palabras, no puedo evitarlo, sonrío porque me siento retada y me gusta, me gusta mucho. En caso de Miles, varios meses después me sigo refiriendo a él como "el enano cabrón". Entiéndase, desde la admiración y el respeto, y con una sonrisa en la boca.
La saga completa, hasta el momento, son 16 libros. No sale en todos, pero no deja de ser una space opera muy recomendable. Yo me los leí en un mes o un poco más... aunque sé que no soy buena referencia para estas cosas.

Todavía de forma más reciente, tan reciente que tardará como una semana en pasárseme el cuelgue o el síndrome de abstinencia o las ganas de que publiquen el próximo libro, me ha pasado con John Pritkin de la saga Cassandra Palmer de Karen Chance.
John es... cómo decirlo sin spoilers... un mago de guerra, inglés en una serie americana, rubio, de ojos verdes y, además, capaz de salvarte el culo en cualquier situación (cuando no intenta matarte, se entiende). A ver, lo de “inglés en serie americana” alguno de vosotros tiene que entenderlo ¿no? a los americanos les encanta el acento inglés (supongo que sea un tópico) y tienden a ser estos personajes a los que las mujeres se quedan mirando y suspiran (como con Ichabod Crane en la última temporada de Sleepy Hollow). La razón de no poder hablar de Pritkin demasiado es que en el primer libro es hostil... muy hostil. Lo cual hace que, de entrada, esté ahí pero no te fijes en él. Luego le pillas cariño a su pelo de punta, sus ojos verdes, su olor a sudor, electricidad y magia, y su cuelgue por la cafeína.
Me suelo referir a él como el puto mago de los cojones. Desde el cariño y el respeto... y desde lo bueno que me imagino que está. Ejem, ejem...
La saga completa, por el momento, son 6 libros y 6 historias cortas que sólo se pueden encontrar en inglés. Espero que en breve salga el 7º libro y una precuela centrada en un vampiro de la saga (Mircea Basarab) que ahora no viene al caso. Personalmente soy team Pritkin, pero hay por ahí un team Mircea por si prefieres un vampiro de pelo caoba oscuro y ojos marrones. A mí Mircea me cae mal, pero claro, puede ser sólo a mí.
Es una saga romántica sobrenatural teóricamente para mayores de 18 (supongo que por la cantidad de tiempo que los personajes están desnudos, ligeros de ropa o al borde de la muerte... o todo lo anterior a la vez) a mí me gusta, así que la recomiendo.

Sé que no he dado rienda suelta a la groupie que hay en mí, ya. Es lo que tiene no querer soltar demasiados spoilers.

jueves, 22 de octubre de 2015

Morir

Hoy soñé que moría.

Entendedme, realmente tampoco es algo tan trascendental, no es la primera vez que lo hago y seguramente no sea la última.

Iba en el coche con mi marido y nos salíamos de la carretera. Empezábamos a ir cuesta abajo en una cuesta empinada y él desapareció. No es que saliera del coche o perdiera el sentido. Hizo "puff" y desapareció como si nunca hubiera estado ahí. Intenté controlar el volante del coche pero cada vez iba más rápido y en un mal giro caí por un precipicio.
Fue una muerte bastante de videojuego. El coche no cayó de morro, ni dio vueltas de campana. Se movió hasta no tener suelo debajo y cayó a plomo.

Morir impresiona, aunque sea una muerte a la que sólo le falta el cartel de Game Over. Impresiona aunque no sea la primera vez, aunque no esté asociada al dolor y, realmente, tampoco al pánico. Impresiona aunque tu último pensamiento sea sólo "mierda" (o la expresión malsonante que se prefiera).

No sé si alguno de vosotros ha tenido sueños en los que sienta y sólo vea cosas. En los que hueles o saboreas o sientes un pánico visceral y paralizante, en los que sientes dolor como si realmente se estuvieran abriendo heridas en tu piel. Yo sí que he tenido sueños de esos, se quedan dentro de tu piel y aunque pasen los años los sigues recordando como si los hubieras tenido la noche anterior. El de esta noche no fue nada a su lado.

Morir impresiona, pero creo que ya lo tengo asumido. Sé que moriré, no lo busco ni tengo prisa por llegar a ello. Tengo prohibido morir. Sé que es una gilipollez, pero a mí me vale. No le tengo miedo a la muerte, pero no pretendo bailar con ella antes de tiempo.

Puede que por eso el sueño de esta noche impresionara, pero no diera miedo. Me desperté como si realmente se me hubiera acabado la partida del videojuego. Impresionada, puede que sintiendo algo de rabia, pero me di la vuelta y me volví a dormir.

Como dice el libro: "Morir es como zambullirse en un lago profundo en un día caluroso. Sientes la conmoción del frío, del cambio brusco, del dolor que te produce durante un segundo, y luego la aceptación es como nadar en la realidad" (Ilusiones, Richard Bach)

lunes, 19 de octubre de 2015

Liber8

Hay una cosa que mi madre me solía decir bastante a menudo, cuando pensaba que estaba viendo en la televisión algo que no debería de ver: "No veas eso que luego sueñas" (La frase tiene variaciones). He de reconocer que la frase en cuestión tenía su fundamento: siempre he soñado mucho y de pequeña tuve muchas pesadillas. Sigo soñando mucho, a veces son cosas agradables, otras no, y lo que lea o vea en la tele puede influir en lo que sueño. La verdad es que no es una influencia directa ni inmediata pero seguramente sea una razón por la que huyo de las películas gore.
Esto es lo que soñé el otro día (y que debería de haber escrito nada más levantarme. Deshonor para mi vaca, lo sé, pobrecilla):

Formo parte de un grupo terrorista anti-mega-corporaciones. Por lo menos la gente nos llama terroristas, no creo que lo seamos, creo firmemente en nuestra causa. Las mega-corporaciones nos controlan, a veces con cosas pequeñas como el precio de la energía o de los medicamentos. Pero en los últimos años sus métodos se han hecho más descarados, más ambiciosos. El último grito, lo que me hizo unirme a Liber8, son unas pastillas que suprimen ciertas encimas del cerebro, nos hacen más crédulos y obedientes. Es difícil ir en contra de las mega-corporaciones, controlan la energía, lo que comemos y ahora también controlan lo que pensamos.
Pero no sólo es eso. La división de I+D+i de una de esas corporaciones ha creado en los últimos meses un grupo que nos intenta dar caza. Creedme, sólo hay una cosa peor que los mercenarios: los mercenarios con armamento avanzado. Tenemos un infiltrado de Liber8 en la organización que nos ha comentado cuáles son sus planes, su siguiente movimiento será esta tarde, pero no estamos seguros de cual será. Han creado una nueva bomba, pero tampoco tenemos muy claro qué hace. ¿Cuál es la razón de tener un topo si no te lo puede contar todo? Que te cuente lo suficiente como para permitirte seguir vivo un día más. No es mucho, pero es suficiente.
Para esta tarde hay convocada una manifestación en contra de Liber8. Normalmente algunos de nosotros estaríamos ahí, delante de la palestra, para saber de primera mano qué es lo que se dice de nosotros. Para saber qué opinan los asistentes, no siempre son detractores, suele haber muchos indecisos. Pero hoy no, saber que tienen preparado algo nos ha hecho situarnos en la distancia para oír lo que se dice por los altavoces, para ver la reacción de la gente, pero para poder huir de forma rápida.
Estoy con Sonya en un edificio vacío desde el que se puede ver la plaza donde se acabarán reuniendo los asistentes pero no se puede ver la tarima ni los altavoces, está tapada por otro edificio. Sonya es la primera persona que conocí en Liber8, confío plenamente en ella. No sé cuál es la fuente de esa confianza, puede que sea de aspecto meramente físico, me recuerda algo a mí. Es algo más joven que yo, pero no mucho más, tiene el pelo castaño y liso, y los ojos marrones algo achinados; su piel morena parece delatar algún origen exótico pero es tan española como yo, como todos los que estamos en la asociación. Quiere lo mejor para el país, aunque tenga que conseguirlo derramando su propia sangre o poniendo en riesgo su vida. También puede que eso sea lo que hace que confíe en ella, su fe en la causa, tan similar a la mía propia.
Desde nuestra posición se puede ver la reunión. Si pudiera volar vería una plaza de forma redondeada con múltiples salidas y la gente que se está empezando a acumular desde todas las direcciones; vería el trazado de las calles, algunas anchas y rectas, otras una maraña de callejuelas; vería los edificios, los bajos clásicos que acumulan años en sus portadas y los más altos, más recientes construidos por corporaciones; vería el escenario, la tarima preparada con sus micrófonos y sus altavoces, en unas horas hablarán los de siempre pero ahora mismo está vacío, inocente, sin ser partidario de nada más que de los adoquines sobre los que se sostiene, del metal y la madera, del cableado y el equipo de sonido, de la gente que lo observa que se empieza a inquietar, que forma corrillos, siempre es igual, nunca he entendido por qué llegan tan pronto.
Desde el aire podría ver que, aun a pesar de que defenderla es prácticamente imposible, no hay tanta policía como otras veces. Desde nuestra posición sólo veo claramente una calle que no tiene barricada, ni coches de policía o de urgencias; me parece sospechoso, pero desde aquí no tengo visión de conjunto, puede ser sólo esa calle, si fuera un pájaro sabría que no.
Hemos llegado un par de horas antes y observamos con prismáticos desde la planta en obras de un edificio alto. Abajo hemos dejado el coche con armas más pesadas que las pistolas que llevamos encima. En estas situaciones nunca se sabe qué va a pasar, no cómo vas a tener que abrirte paso para salir. Observamos, escuchamos, una para ver la plaza, otra para controlar el edificio y sus salidas mientras el tiempo pasa.
Es la hora, lleva un buen rato oyéndose el murmullo de la gente, sabemos que hay mucha pero no sabemos qué dicen, desde aquí no. Se oye el ruido de los altavoces que se inicia con el típico pitido de estar acoplados, por mucho que lo preparen, por mucho que el técnico de sonido lo haya dejado todo listo, siempre hay alguien que se acerca demasiado a los altavoces cuando los micrófonos se encienden; por lo menos ya han aprendido a no gritar por el micrófono. La soflama habla de Liber8, de nuestras últimas acciones, del robo de tecnología, del robo de armas... Miro a Sonya, esto me huele muy mal, creo que debemos recoger y marcharnos y así se lo digo.
Cuando me vuelvo se oye una explosión, se oyen gritos de terror. Por el micrófono dicen que es culpa de Liber8, que hemos sido nosotros. Sonya niega, no sabemos nada. Vuelvo a mirar por los prismáticos, parece que una sección de la plaza se ha despejado, no entiendo nada. Sonya me dice que salgamos, que alguien ha parado en la parte de abajo del edificio, que hay que huir. No puedo dejar de mirar cuando veo otra "explosión". Retumba como la primera pero no hay fuego, sólo una bola de luz azul que crece hasta volverse blanca para después desaparecer como un puntito en el espacio llevándose a cientos de personas y dejando a los edificios intactos.
Este era el movimiento del que nos avisó el topo. Nos atribuyen un atentado con cientos de víctimas pero sin daños materiales, robar una tecnología que hasta el momento no sabíamos que existía. ¿Qué ha sido eso? ¿Una bomba de vacío?
Sonya tira de mí y bajamos corriendo por las escaleras mientras se oyen dos "explosiones" más. Después sólo caos, gritos, gente que no sabe lo que pasa. Sonya me dice que vaya más deprisa, sabe que si hubiéramos ido ahora no existiríamos, no seríamos ni un montón de polvo en el suelo; lo sabe tan bien como yo.
Cuando llegamos abajo hay un mercenario esperando junto al coche. Mercenario, no policía, no soldado. Su postura le delata tanto como su ropa enteramente negra y sin distintivos, va bien armado y parece que sabía qué era lo que tenía que buscar: nuestro armamento pesado está en el coche. No mucho, sólo un fusil de largo alcance y un par de granadas. Según le vemos intentamos retroceder, pero otro mercenario está esperando y nos corta el paso. Salimos corriendo según lo acordado. En caso de tener que huir dejamos el coche detrás y corremos en direcciones diferentes hasta una posición segura. Es importante que no nos pillen a las dos, alguien tiene que contar lo sucedido. Es importante que no nos sigan, no debemos comprometer a todo el grupo.
Corro todo lo que puedo, tanto como para notar fuego en los pulmones y sabor a sangre. Corro pero me atrapan. El mercenario me tira al suelo y me esposa las manos a la espalda. Me retuerzo en el suelo y toso. Toso tanto que creo que voy a escupir los pulmones, me cuesta respirar y me araño la cara contra el suelo. Me levanta por los brazos, no soy ligera, no es fácil y él no lo va a hacer con delicadeza, tira de mis manos hacia arriba forzando mis hombros hasta que el dolor lo inunda todo y la tos se convierte en el menor de mis problemas. Me levanto y camino hacia donde me lleva, no sé nada de Sonya.
Me conduce hacia el coche, no sé si por el mismo camino que usé antes para intentar escapar. Empiezo a oír disparos, no son de pistola, es el fusil. No suenan muy seguidos pero tapan a la gente que se sigue oyendo por la calle. Cuando nos acercamos más veo a Sonya, el mercenario la está obligando a disparar hacia muestra posición, tiene el arma apoyada contra el coche y por cómo está sentada pienso que no se puede poner de pié. Se intenta resistir, pero de vez en cuando grita y vuelve a disparar.
La miro y nuestros ojos se encuentran. La conozco bien, creo que tiene un plan para escapar del que la controla, pero quería saber dónde estaba yo. Dispara un par de veces más, no me da y nunca fallaría a esta distancia, me está intentando decir algo. Apunta a la altura del pecho, pero ligeramente hacia la derecha de mi posición. Me intento zafar, creo que sé qué es lo que quiere que haga.
Tras varios intentos, varios disparos después, logro zafarme y tirarme al suelo. Me doy en la cabeza y el dolor me atonta, pero tengo que moverme rápido. Me pongo boca arriba y levanto las piernas. El mercenario me intenta coger por los pies pero es un segundo lento y, en estas situaciones, un segundo es mucho tiempo. Le empujo hacia el edificio de la derecha (ahora mi izquierda) y logro desestabilizarlo, pierde momentáneamente el equilibrio pero no se cae. Se gira para evitar otra de mis patadas y se oye un disparo. El tiempo parece ralentizarse mientras una bala le golpea en el centro de la cabeza, justo donde estaba su oreja. Es un tiro limpio, su oreja desaparece junto con todo lo que tenía detrás y, por milésimas de segundo, me mira sorprendido sin saber lo que ha pasado. Luego se desploma con un gran agujero en su cabeza.
Parece que luego todo se queda en silencio, pero un grito me saca de mi pasmo. Sonya ha estampado la culata del fusil en la cara del mercenario que la controlaba. La pierdo de vista pero sigo oyendo voces, corro hasta su posición. Cuando llego le ha clavado un cuchillo al mercenario en la garganta y este se desangra sobre el pavimento.
Sin perder un segundo abro el coche y la meto en el asiento trasero. Tiene una fea herida en el gemelo derecho, parece que el mercenario le había clavado un cuchillo y se lo retorcía para obligarla a disparar. Parece que ha perdido mucha sangre.
Ocupo el asiento del conductor y arranco. Hace tiempo que pasó el momento de salir pitando.



Algunos de los nombres y organizaciones utilizadas en este sueño están sacadas de una serie llamada Continuum y seguramente tengan copyright. Es lo que pasa con los sueños, que no todo es original.

Un año

A principios de mes fue mi aniversario de boda. Ese tipo de cosas te hacen pensar en la típica pregunta de "¿Qué tal la vida de casada?" y en cómo ha ido este año.

La verdad es que la vida de casada es igual que la vida de soltera, sobre todo si ya vivías con tu novio, si no te has mudado a ningún sitio o si lo único que ha cambiado en tu día a día ha sido... que has subido de peso.

En este año he tenido dos trabajos a los que he renunciado. Al primero porque era sin contrato ni paga ni parecía que me fueran a pagar o hacer contrato a corto plazo (sí, una fiesta); al segundo porque no ganaba lo suficiente ni como para pagarme el transporte hasta el curro. Para que luego digan que salimos de la crisis…

He hecho otro curso, de esos que te dan varios años para hacerlo y lo he acabado en 9 meses (y eso que me tiré 3 sin tocar los apuntes). Se trata de un Programa Superior en Dirección de Ventas y Marketing cuyo diploma acabará en breve en el mismo sitio que todos los demás: esperando a ser enmarcado y con copia en la carpeta de certificados y diplomas.

También puede que me haya hundido un poco más aún a pesar de mis intentos de mantenerme a flote, me he perdido más aun dándome cuenta de estar perdida. Sé que es algo que tengo que remediar. Sé que tengo que buscarme hobbies aunque sean viejos (debería de retomar la costura); sé que debo de seguir saliendo a correr (la semana pasada no salí ningún día, pero con el catarro que tuve podría haber llenado el mundo de virus); sé que debo de escribir más (estuve pensando en apuntarme a algún taller de escritura, pero son caros); y vamos a adoptar un perro (como alguien más me diga que es una responsabilidad le muerdo, lo digo en serio) para que me saque a pasear todos los días varias veces y me obligue a moverme más.

La sombra de un empleo sigue planeando por aquí. A veces es como una bestia que me persigue y de la cual puedo notar el aliento en mi nuca; otras está tan lejano que casi no recuerdo ni cómo es tener un trabajo. De vez en cuando me llaman de algún sitio (creo que han sido 6 sitios en todo el año), las más de las veces creo que mando CVs que nadie lee, que se pierden en el vacío. En el fondo es una fuente incesante de incertidumbre horrible, que hace que me ahogue y que es lo que mejor le sienta a mi estado de ánimo [cartel de ironía para la última parte, please].

¿Cómo es la vida de casada? Pues igual que la de soltera. No hacía falta preguntar.