Hay una cosa que mi madre me solía decir bastante a menudo, cuando pensaba
que estaba viendo en la televisión algo que no debería de ver: "No veas
eso que luego sueñas" (La frase tiene variaciones). He de reconocer que la
frase en cuestión tenía su fundamento: siempre he soñado mucho y de pequeña
tuve muchas pesadillas. Sigo soñando mucho, a veces son cosas agradables, otras
no, y lo que lea o vea en la tele puede influir en lo que sueño. La verdad es
que no es una influencia directa ni inmediata pero seguramente sea una razón
por la que huyo de las películas gore.
Esto es lo que soñé el otro día (y que debería de haber escrito nada más
levantarme. Deshonor para mi vaca, lo sé, pobrecilla):
Formo parte de un grupo terrorista anti-mega-corporaciones. Por lo menos la
gente nos llama terroristas, no creo que lo seamos, creo firmemente en nuestra
causa. Las mega-corporaciones nos controlan, a veces con cosas pequeñas como el
precio de la energía o de los medicamentos. Pero en los últimos años sus
métodos se han hecho más descarados, más ambiciosos. El último grito, lo que me
hizo unirme a Liber8, son unas pastillas que suprimen ciertas encimas del
cerebro, nos hacen más crédulos y obedientes. Es difícil ir en contra de las
mega-corporaciones, controlan la energía, lo que comemos y ahora también
controlan lo que pensamos.
Pero no sólo es eso. La división de I+D+i de una de esas corporaciones ha
creado en los últimos meses un grupo que nos intenta dar caza. Creedme, sólo
hay una cosa peor que los mercenarios: los mercenarios con armamento avanzado.
Tenemos un infiltrado de Liber8 en la organización que nos ha comentado cuáles
son sus planes, su siguiente movimiento será esta tarde, pero no estamos
seguros de cual será. Han creado una nueva bomba, pero tampoco tenemos muy claro
qué hace. ¿Cuál es la razón de tener un topo si no te lo puede contar todo? Que
te cuente lo suficiente como para permitirte seguir vivo un día más. No es
mucho, pero es suficiente.
Para esta tarde hay convocada una manifestación en contra de Liber8.
Normalmente algunos de nosotros estaríamos ahí, delante de la palestra, para
saber de primera mano qué es lo que se dice de nosotros. Para saber qué opinan
los asistentes, no siempre son detractores, suele haber muchos indecisos. Pero
hoy no, saber que tienen preparado algo nos ha hecho situarnos en la distancia
para oír lo que se dice por los altavoces, para ver la reacción de la gente,
pero para poder huir de forma rápida.
Estoy con Sonya en un edificio vacío desde el que se puede ver la plaza
donde se acabarán reuniendo los asistentes pero no se puede ver la tarima ni
los altavoces, está tapada por otro edificio. Sonya es la primera persona que
conocí en Liber8, confío plenamente en ella. No sé cuál es la fuente de esa
confianza, puede que sea de aspecto meramente físico, me recuerda algo a mí. Es
algo más joven que yo, pero no mucho más, tiene el pelo castaño y liso, y los
ojos marrones algo achinados; su piel morena parece delatar algún origen
exótico pero es tan española como yo, como todos los que estamos en la asociación.
Quiere lo mejor para el país, aunque tenga que conseguirlo derramando su propia
sangre o poniendo en riesgo su vida. También puede que eso sea lo que hace que
confíe en ella, su fe en la causa, tan similar a la mía propia.
Desde nuestra posición se puede ver la reunión. Si pudiera volar vería una
plaza de forma redondeada con múltiples salidas y la gente que se está
empezando a acumular desde todas las direcciones; vería el trazado de las
calles, algunas anchas y rectas, otras una maraña de callejuelas; vería los
edificios, los bajos clásicos que acumulan años en sus portadas y los más
altos, más recientes construidos por corporaciones; vería el escenario, la
tarima preparada con sus micrófonos y sus altavoces, en unas horas hablarán los
de siempre pero ahora mismo está vacío, inocente, sin ser partidario de nada
más que de los adoquines sobre los que se sostiene, del metal y la madera, del
cableado y el equipo de sonido, de la gente que lo observa que se empieza a
inquietar, que forma corrillos, siempre es igual, nunca he entendido por qué
llegan tan pronto.
Desde el aire podría ver que, aun a pesar de que defenderla es prácticamente
imposible, no hay tanta policía como otras veces. Desde nuestra posición sólo
veo claramente una calle que no tiene barricada, ni coches de policía o de
urgencias; me parece sospechoso, pero desde aquí no tengo visión de conjunto,
puede ser sólo esa calle, si fuera un pájaro sabría que no.
Hemos llegado un par de horas antes y observamos con prismáticos desde la
planta en obras de un edificio alto. Abajo hemos dejado el coche con armas más
pesadas que las pistolas que llevamos encima. En estas situaciones nunca se
sabe qué va a pasar, no cómo vas a tener que abrirte paso para salir.
Observamos, escuchamos, una para ver la plaza, otra para controlar el edificio
y sus salidas mientras el tiempo pasa.
Es la hora, lleva un buen rato oyéndose el murmullo de la gente, sabemos que
hay mucha pero no sabemos qué dicen, desde aquí no. Se oye el ruido de los
altavoces que se inicia con el típico pitido de estar acoplados, por mucho que
lo preparen, por mucho que el técnico de sonido lo haya dejado todo listo,
siempre hay alguien que se acerca demasiado a los altavoces cuando los
micrófonos se encienden; por lo menos ya han aprendido a no gritar por el
micrófono. La soflama habla de Liber8, de nuestras últimas acciones, del robo
de tecnología, del robo de armas... Miro a Sonya, esto me huele muy mal, creo
que debemos recoger y marcharnos y así se lo digo.
Cuando me vuelvo se oye una explosión, se oyen gritos de terror. Por el
micrófono dicen que es culpa de Liber8, que hemos sido nosotros. Sonya niega,
no sabemos nada. Vuelvo a mirar por los prismáticos, parece que una sección de
la plaza se ha despejado, no entiendo nada. Sonya me dice que salgamos, que
alguien ha parado en la parte de abajo del edificio, que hay que huir. No puedo
dejar de mirar cuando veo otra "explosión". Retumba como la primera
pero no hay fuego, sólo una bola de luz azul que crece hasta volverse blanca
para después desaparecer como un puntito en el espacio llevándose a cientos de
personas y dejando a los edificios intactos.
Este era el movimiento del que nos avisó el topo. Nos atribuyen un atentado
con cientos de víctimas pero sin daños materiales, robar una tecnología que
hasta el momento no sabíamos que existía. ¿Qué ha sido eso? ¿Una bomba de
vacío?
Sonya tira de mí y bajamos corriendo por las escaleras mientras se oyen dos
"explosiones" más. Después sólo caos, gritos, gente que no sabe lo
que pasa. Sonya me dice que vaya más deprisa, sabe que si hubiéramos ido ahora
no existiríamos, no seríamos ni un montón de polvo en el suelo; lo sabe tan
bien como yo.
Cuando llegamos abajo hay un mercenario esperando junto al coche.
Mercenario, no policía, no soldado. Su postura le delata tanto como su ropa
enteramente negra y sin distintivos, va bien armado y parece que sabía qué era
lo que tenía que buscar: nuestro armamento pesado está en el coche. No mucho,
sólo un fusil de largo alcance y un par de granadas. Según le vemos intentamos
retroceder, pero otro mercenario está esperando y nos corta el paso. Salimos
corriendo según lo acordado. En caso de tener que huir dejamos el coche detrás
y corremos en direcciones diferentes hasta una posición segura. Es importante
que no nos pillen a las dos, alguien tiene que contar lo sucedido. Es
importante que no nos sigan, no debemos comprometer a todo el grupo.
Corro todo lo que puedo, tanto como para notar fuego en los pulmones y sabor
a sangre. Corro pero me atrapan. El mercenario me tira al suelo y me esposa las
manos a la espalda. Me retuerzo en el suelo y toso. Toso tanto que creo que voy
a escupir los pulmones, me cuesta respirar y me araño la cara contra el suelo.
Me levanta por los brazos, no soy ligera, no es fácil y él no lo va a hacer con
delicadeza, tira de mis manos hacia arriba forzando mis hombros hasta que el
dolor lo inunda todo y la tos se convierte en el menor de mis problemas. Me
levanto y camino hacia donde me lleva, no sé nada de Sonya.
Me conduce hacia el coche, no sé si por el mismo camino que usé antes para
intentar escapar. Empiezo a oír disparos, no son de pistola, es el fusil. No
suenan muy seguidos pero tapan a la gente que se sigue oyendo por la calle.
Cuando nos acercamos más veo a Sonya, el mercenario la está obligando a
disparar hacia muestra posición, tiene el arma apoyada contra el coche y por
cómo está sentada pienso que no se puede poner de pié. Se intenta resistir,
pero de vez en cuando grita y vuelve a disparar.
La miro y nuestros ojos se encuentran. La conozco bien, creo que tiene un
plan para escapar del que la controla, pero quería saber dónde estaba yo.
Dispara un par de veces más, no me da y nunca fallaría a esta distancia, me
está intentando decir algo. Apunta a la altura del pecho, pero ligeramente
hacia la derecha de mi posición. Me intento zafar, creo que sé qué es lo que
quiere que haga.
Tras varios intentos, varios disparos después, logro zafarme y tirarme al
suelo. Me doy en la cabeza y el dolor me atonta, pero tengo que moverme rápido.
Me pongo boca arriba y levanto las piernas. El mercenario me intenta coger por
los pies pero es un segundo lento y, en estas situaciones, un segundo es mucho
tiempo. Le empujo hacia el edificio de la derecha (ahora mi izquierda) y logro
desestabilizarlo, pierde momentáneamente el equilibrio pero no se cae. Se gira
para evitar otra de mis patadas y se oye un disparo. El tiempo parece
ralentizarse mientras una bala le golpea en el centro de la cabeza, justo donde
estaba su oreja. Es un tiro limpio, su oreja desaparece junto con todo lo que
tenía detrás y, por milésimas de segundo, me mira sorprendido sin saber lo que
ha pasado. Luego se desploma con un gran agujero en su cabeza.
Parece que luego todo se queda en silencio, pero un grito me saca de mi
pasmo. Sonya ha estampado la culata del fusil en la cara del mercenario que la
controlaba. La pierdo de vista pero sigo oyendo voces, corro hasta su posición.
Cuando llego le ha clavado un cuchillo al mercenario en la garganta y este se
desangra sobre el pavimento.
Sin perder un segundo abro el coche y la meto en el asiento trasero. Tiene
una fea herida en el gemelo derecho, parece que el mercenario le había clavado
un cuchillo y se lo retorcía para obligarla a disparar. Parece que ha perdido
mucha sangre.
Ocupo el asiento del conductor y arranco. Hace tiempo que pasó el momento de
salir pitando.
Algunos de los nombres y organizaciones utilizadas en este sueño están sacadas de una serie llamada Continuum y seguramente tengan copyright. Es lo que pasa con los sueños, que no todo es original.