Esto es lo que soñé el otro día (y que debería de haber escrito nada más levantarme. Deshonor para mi vaca, lo sé, pobrecilla):
Formo parte de un grupo terrorista anti-mega-corporaciones. Por lo menos la gente nos llama terroristas, no creo que lo seamos, creo firmemente en nuestra causa. Las mega-corporaciones nos controlan, a veces con cosas pequeñas como el precio de la energía o de los medicamentos. Pero en los últimos años sus métodos se han hecho más descarados, más ambiciosos. El último grito, lo que me hizo unirme a Liber8, son unas pastillas que suprimen ciertas encimas del cerebro, nos hacen más crédulos y obedientes. Es difícil ir en contra de las mega-corporaciones, controlan la energía, lo que comemos y ahora también controlan lo que pensamos.
Pero no sólo es eso. La división de I+D+i de una de esas corporaciones ha creado en los últimos meses un grupo que nos intenta dar caza. Creedme, sólo hay una cosa peor que los mercenarios: los mercenarios con armamento avanzado. Tenemos un infiltrado de Liber8 en la organización que nos ha comentado cuáles son sus planes, su siguiente movimiento será esta tarde, pero no estamos seguros de cual será. Han creado una nueva bomba, pero tampoco tenemos muy claro qué hace. ¿Cuál es la razón de tener un topo si no te lo puede contar todo? Que te cuente lo suficiente como para permitirte seguir vivo un día más. No es mucho, pero es suficiente.
Para esta tarde hay convocada una manifestación en contra de Liber8. Normalmente algunos de nosotros estaríamos ahí, delante de la palestra, para saber de primera mano qué es lo que se dice de nosotros. Para saber qué opinan los asistentes, no siempre son detractores, suele haber muchos indecisos. Pero hoy no, saber que tienen preparado algo nos ha hecho situarnos en la distancia para oír lo que se dice por los altavoces, para ver la reacción de la gente, pero para poder huir de forma rápida.
Estoy con Sonya en un edificio vacío desde el que se puede ver la plaza donde se acabarán reuniendo los asistentes pero no se puede ver la tarima ni los altavoces, está tapada por otro edificio. Sonya es la primera persona que conocí en Liber8, confío plenamente en ella. No sé cuál es la fuente de esa confianza, puede que sea de aspecto meramente físico, me recuerda algo a mí. Es algo más joven que yo, pero no mucho más, tiene el pelo castaño y liso, y los ojos marrones algo achinados; su piel morena parece delatar algún origen exótico pero es tan española como yo, como todos los que estamos en la asociación. Quiere lo mejor para el país, aunque tenga que conseguirlo derramando su propia sangre o poniendo en riesgo su vida. También puede que eso sea lo que hace que confíe en ella, su fe en la causa, tan similar a la mía propia.
Desde nuestra posición se puede ver la reunión. Si pudiera volar vería una plaza de forma redondeada con múltiples salidas y la gente que se está empezando a acumular desde todas las direcciones; vería el trazado de las calles, algunas anchas y rectas, otras una maraña de callejuelas; vería los edificios, los bajos clásicos que acumulan años en sus portadas y los más altos, más recientes construidos por corporaciones; vería el escenario, la tarima preparada con sus micrófonos y sus altavoces, en unas horas hablarán los de siempre pero ahora mismo está vacío, inocente, sin ser partidario de nada más que de los adoquines sobre los que se sostiene, del metal y la madera, del cableado y el equipo de sonido, de la gente que lo observa que se empieza a inquietar, que forma corrillos, siempre es igual, nunca he entendido por qué llegan tan pronto.
Desde el aire podría ver que, aun a pesar de que defenderla es prácticamente imposible, no hay tanta policía como otras veces. Desde nuestra posición sólo veo claramente una calle que no tiene barricada, ni coches de policía o de urgencias; me parece sospechoso, pero desde aquí no tengo visión de conjunto, puede ser sólo esa calle, si fuera un pájaro sabría que no.
Hemos llegado un par de horas antes y observamos con prismáticos desde la planta en obras de un edificio alto. Abajo hemos dejado el coche con armas más pesadas que las pistolas que llevamos encima. En estas situaciones nunca se sabe qué va a pasar, no cómo vas a tener que abrirte paso para salir. Observamos, escuchamos, una para ver la plaza, otra para controlar el edificio y sus salidas mientras el tiempo pasa.
Es la hora, lleva un buen rato oyéndose el murmullo de la gente, sabemos que hay mucha pero no sabemos qué dicen, desde aquí no. Se oye el ruido de los altavoces que se inicia con el típico pitido de estar acoplados, por mucho que lo preparen, por mucho que el técnico de sonido lo haya dejado todo listo, siempre hay alguien que se acerca demasiado a los altavoces cuando los micrófonos se encienden; por lo menos ya han aprendido a no gritar por el micrófono. La soflama habla de Liber8, de nuestras últimas acciones, del robo de tecnología, del robo de armas... Miro a Sonya, esto me huele muy mal, creo que debemos recoger y marcharnos y así se lo digo.
Cuando me vuelvo se oye una explosión, se oyen gritos de terror. Por el micrófono dicen que es culpa de Liber8, que hemos sido nosotros. Sonya niega, no sabemos nada. Vuelvo a mirar por los prismáticos, parece que una sección de la plaza se ha despejado, no entiendo nada. Sonya me dice que salgamos, que alguien ha parado en la parte de abajo del edificio, que hay que huir. No puedo dejar de mirar cuando veo otra "explosión". Retumba como la primera pero no hay fuego, sólo una bola de luz azul que crece hasta volverse blanca para después desaparecer como un puntito en el espacio llevándose a cientos de personas y dejando a los edificios intactos.
Este era el movimiento del que nos avisó el topo. Nos atribuyen un atentado con cientos de víctimas pero sin daños materiales, robar una tecnología que hasta el momento no sabíamos que existía. ¿Qué ha sido eso? ¿Una bomba de vacío?
Sonya tira de mí y bajamos corriendo por las escaleras mientras se oyen dos "explosiones" más. Después sólo caos, gritos, gente que no sabe lo que pasa. Sonya me dice que vaya más deprisa, sabe que si hubiéramos ido ahora no existiríamos, no seríamos ni un montón de polvo en el suelo; lo sabe tan bien como yo.
Cuando llegamos abajo hay un mercenario esperando junto al coche. Mercenario, no policía, no soldado. Su postura le delata tanto como su ropa enteramente negra y sin distintivos, va bien armado y parece que sabía qué era lo que tenía que buscar: nuestro armamento pesado está en el coche. No mucho, sólo un fusil de largo alcance y un par de granadas. Según le vemos intentamos retroceder, pero otro mercenario está esperando y nos corta el paso. Salimos corriendo según lo acordado. En caso de tener que huir dejamos el coche detrás y corremos en direcciones diferentes hasta una posición segura. Es importante que no nos pillen a las dos, alguien tiene que contar lo sucedido. Es importante que no nos sigan, no debemos comprometer a todo el grupo.
Corro todo lo que puedo, tanto como para notar fuego en los pulmones y sabor a sangre. Corro pero me atrapan. El mercenario me tira al suelo y me esposa las manos a la espalda. Me retuerzo en el suelo y toso. Toso tanto que creo que voy a escupir los pulmones, me cuesta respirar y me araño la cara contra el suelo. Me levanta por los brazos, no soy ligera, no es fácil y él no lo va a hacer con delicadeza, tira de mis manos hacia arriba forzando mis hombros hasta que el dolor lo inunda todo y la tos se convierte en el menor de mis problemas. Me levanto y camino hacia donde me lleva, no sé nada de Sonya.
Me conduce hacia el coche, no sé si por el mismo camino que usé antes para intentar escapar. Empiezo a oír disparos, no son de pistola, es el fusil. No suenan muy seguidos pero tapan a la gente que se sigue oyendo por la calle. Cuando nos acercamos más veo a Sonya, el mercenario la está obligando a disparar hacia muestra posición, tiene el arma apoyada contra el coche y por cómo está sentada pienso que no se puede poner de pié. Se intenta resistir, pero de vez en cuando grita y vuelve a disparar.
La miro y nuestros ojos se encuentran. La conozco bien, creo que tiene un plan para escapar del que la controla, pero quería saber dónde estaba yo. Dispara un par de veces más, no me da y nunca fallaría a esta distancia, me está intentando decir algo. Apunta a la altura del pecho, pero ligeramente hacia la derecha de mi posición. Me intento zafar, creo que sé qué es lo que quiere que haga.
Tras varios intentos, varios disparos después, logro zafarme y tirarme al suelo. Me doy en la cabeza y el dolor me atonta, pero tengo que moverme rápido. Me pongo boca arriba y levanto las piernas. El mercenario me intenta coger por los pies pero es un segundo lento y, en estas situaciones, un segundo es mucho tiempo. Le empujo hacia el edificio de la derecha (ahora mi izquierda) y logro desestabilizarlo, pierde momentáneamente el equilibrio pero no se cae. Se gira para evitar otra de mis patadas y se oye un disparo. El tiempo parece ralentizarse mientras una bala le golpea en el centro de la cabeza, justo donde estaba su oreja. Es un tiro limpio, su oreja desaparece junto con todo lo que tenía detrás y, por milésimas de segundo, me mira sorprendido sin saber lo que ha pasado. Luego se desploma con un gran agujero en su cabeza.
Parece que luego todo se queda en silencio, pero un grito me saca de mi pasmo. Sonya ha estampado la culata del fusil en la cara del mercenario que la controlaba. La pierdo de vista pero sigo oyendo voces, corro hasta su posición. Cuando llego le ha clavado un cuchillo al mercenario en la garganta y este se desangra sobre el pavimento.
Sin perder un segundo abro el coche y la meto en el asiento trasero. Tiene una fea herida en el gemelo derecho, parece que el mercenario le había clavado un cuchillo y se lo retorcía para obligarla a disparar. Parece que ha perdido mucha sangre.
Ocupo el asiento del conductor y arranco. Hace tiempo que pasó el momento de salir pitando.
Algunos de los nombres y organizaciones utilizadas en este sueño están sacadas de una serie llamada Continuum y seguramente tengan copyright. Es lo que pasa con los sueños, que no todo es original.
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