Hoy soñé que moría.
Entendedme, realmente tampoco es algo tan trascendental, no es la primera
vez que lo hago y seguramente no sea la última.
Iba en el coche con mi marido y nos salíamos de la carretera. Empezábamos a ir
cuesta abajo en una cuesta empinada y él desapareció. No es que saliera del
coche o perdiera el sentido. Hizo "puff" y desapareció como si nunca
hubiera estado ahí. Intenté controlar el volante del coche pero cada vez iba
más rápido y en un mal giro caí por un precipicio.
Fue una muerte bastante de videojuego. El coche no cayó de morro, ni dio
vueltas de campana. Se movió hasta no tener suelo debajo y cayó a plomo.
Morir impresiona, aunque sea una muerte a la que sólo le falta el cartel de
Game Over. Impresiona aunque no sea la primera vez, aunque no esté asociada al
dolor y, realmente, tampoco al pánico. Impresiona aunque tu último pensamiento
sea sólo "mierda" (o la expresión malsonante que se prefiera).
No sé si alguno de vosotros ha tenido sueños en los que sienta y sólo vea
cosas. En los que hueles o saboreas o sientes un pánico visceral y paralizante,
en los que sientes dolor como si realmente se estuvieran abriendo heridas en tu
piel. Yo sí que he tenido sueños de esos, se quedan dentro de tu piel y aunque
pasen los años los sigues recordando como si los hubieras tenido la noche
anterior. El de esta noche no fue nada a su lado.
Morir impresiona, pero creo que ya lo tengo asumido. Sé que moriré, no lo
busco ni tengo prisa por llegar a ello. Tengo prohibido morir. Sé que es una
gilipollez, pero a mí me vale. No le tengo miedo a la muerte, pero no pretendo
bailar con ella antes de tiempo.
Puede que por eso el sueño de esta noche impresionara, pero no diera miedo.
Me desperté como si realmente se me hubiera acabado la partida del videojuego.
Impresionada, puede que sintiendo algo de rabia, pero me di la vuelta y me
volví a dormir.
Como dice el libro: "Morir es como zambullirse en un lago profundo en
un día caluroso. Sientes la conmoción del frío, del cambio brusco, del dolor
que te produce durante un segundo, y luego la aceptación es como nadar en la
realidad" (Ilusiones, Richard Bach)
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