Podría decir que todo es culpa de la empresa, podría decir que todo es culpa mía. Pero, como una relación sentimental, las dos partes son culpables y ninguna lo es. Voy a trabajar la metáfora, voy a escribir de forma figurada y que nadie se lleve las manos a la cabeza ni se rasgue las vestiduras.
En el amor y en la guerra todo vale, dicen. En el amor y en el trabajo parece que hay una gran lección que hay que aprender (y que algunos, por afortunados o por cabezotas, no aprenden nunca):
"Querer a alguien (o algo) puede no ser suficiente para que la relación funcione"
Como una relación amorosa, empecé este trabajo llena de emoción. No sólo porque fuera mi primer trabajo que no naciera de una beca, sino porque realmente me gustaba el trabajo. En las relaciones personales esto se suele llamar la "fase de la luna de miel", es decir, la fase en la que todo es maravilloso, el otro no tiene fallos y todo es excitante y nuevo.
Cuando llevas un poco más de tiempo te das cuenta de que hay algo que no te gusta. En este caso, empecé a pensar que los horarios caóticos y el no quedar todos los días no es tan maravilloso. Vale, sí, reconozco que el trabajo de community manager me sigue pareciendo adorablemente caótico porque implica estar haciendo cosas nuevas siempre, implica estar aprendiendo continuamente y estar al tanto de un montón de temas diferentes.
El caso es que el tema de horarios y programación me empezó a parecer algo caótico. No sé si alguno de los lectores recordará ese capítulo de Friends en el que dicen que una vez que ves un defecto en tu pareja ya no puedes dejar de verlo y se hace enorme porque siempre está ahí. Digamos que los temas relacionados con la programación se convirtieron en la voz de Jannice diciendo "Hello Chandler BIIIINg" y que no podía evitar fijarme en que el apellido tenía más vocales que las normales.
Pasado el momento de "Vale, tiene un defecto" llega el momento de replantearte la relación y ver que se puede salvar. En ese punto pueden pasar dos cosas: que los defectos inunden todo tu mundo y no puedas ver más allá; o superar esos defectos y que ambos pongan un poco de su parte para solucionar las cosas. También puede ser el momento del equipaje, ese momento en el que te das cuenta de que el equipaje del otro puede ser un neceser de IKEA o todo un set de maletas de Louboutin. El equipaje son esos problemas que tienes antes de que la relación empiece y con los que tienes que lidiar solo o acompañado. Digamos que en mi trabajo el equipaje no era un neceser de IKEA y tampoco era un set de maletas, pero sí que era una maleta que necesitaba ser facturada.
Aun así, estuve días pensando qué podía hacer para llevar esa maleta. A lo mejor, si sacaba cosas y las metía en mi equipaje de mano no pagaba sobrecargo. A lo mejor podía poner el 120% de mi parte y dar más de lo que me correspondía para poder cargar con ese equipaje. Después de varios días, me di cuenta de que esa maleta no estaba en mi billete de avión, que era el equipaje de otro y que por mucho que intentara no pagar sobrecargo tendría que pagar de todas formas la facturación.
Llega el punto de la relación de: “esta relación me puede pasar factura, puedo perder más de lo que gano”. En ese punto, te debes plantear hasta qué punto merece la pena. Afortunadamente no era una relación de las de "destrucción mutua garantizada".
Después de mucho pensarlo, decidí que era mejor poner fin a la relación (Vale, no ha sido mucho tiempo, pero es que pienso rápido). El trabajo me sigue gustando, el equipo me sigue cayendo genial y la idea de negocio me sigue pareciendo súper atractiva. Podría ser un trabajo que amara con todo el alma y en el que diera el 100% de mi esfuerzo y creatividad todos los días durante mucho tiempo, pero no era el momento.
Sé que mi jefe sabe lo que pesa su equipaje, sé que sabe que si algún día se hace más ligero yo estaría encantada de volver. Pero ahora mismo es él el que tiene que lidiar con el equipaje porque no es mi empresa.
Puede que en unos meses me vuelva a llamar (o puede que no lo haga nunca). Esperemos que si lee esto no me odie mucho y me sepa entender.
Cuando se rompe una relación no hay un único culpable, no hay un único motivo. Sé que el amor no es suficiente para seguir con una relación que te puede hacer daño, lo aprendí hace mucho tiempo con una relación de las de "destrucción mutua garantizada", por eso he decidido marcharme.
Lo que no te mata te hace más fuerte. Y no estás muerta, ya te lo digo yo, si no te lo dices tú.
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