lunes, 30 de noviembre de 2015

Rainbow riders



¿Qué son los Rainbow riders? ¿Por qué no he escrito en toda la semana? Son preguntas que responderé a su debido tiempo.
Son las 9:30 de la noche del domingo, he dormido 6 horas en 2 días sin siestas, ni cafés (1 te al día, eso sí) o red bull, con serias amenazas de muerte sobre mi cabeza (en forma de ataques de risa continuos) y todo por culpa de los Rainbow riders.
Este fin de semana tenía casa rural con unos amigos que tienen mucha relación y que han hecho mucha piña a raíz de un rol en vivo llamado Aletheia, el Rainbow rider es el zepelín en el que "abandonaron" el lugar de la última partida y sus tripulantes son los Rainbow riders o Riders.
La semana la he pasado, en parte, preparando cosas para la casa rural. Haciendo varias cosas para desayunos y postres, un perol de chile con carne y dos pollos rellenos de cosas ricas, ricas. Ha sobrado poco y los restos de pollo han ido vía tupper a casas donde los querían y donde darán cuenta de ellos. Aparte de lo cocinado por mí, también ha habido patatas revolconas, ensalada de pasta y pasta carbonara (que era como para mojar pan hasta sacarle brillo al plato y luego seguir con la cazuela) hechas por uno de los Riders.
Pero no sólo ha habido comida (aunque se haya comido genial) también hemos jugado a cosas. Menos cosas de las que esperaba, pero la partida de Si, padrino oscuro con una de los Riders haciendo de padrino fue mortal de necesidad. Vale, puede que no mortal, pero podría decirse que fue desternillante, descacharrante, hilarante hasta que parabas de reír porque si seguías morías de la risa. También fue gloriosa, a distinto nivel que la comida, pero tuvo momentos memorables en los que "se ha roto" era una señal para que dejaran de hacer bromas hasta que pararan las carcajadas (chirridos en mi caso) y hubo quien comentó “me hubiera gustado grabar eso para poder verlo más tarde”.
Podría decirse que ha sido divertido, ha servido para desconectar y relajarse (vale, relajarse no, pero olvidarse de todo un rato sí), pero de alguna forma eso se queda corto. No lo acaba de definir del todo. Puede que lo que mejor lo defina sea que antes de marcharnos alguien ha dicho: "La casa estaba bien (físicamente hablando) y debe de ganar enteros en verano con la piscina" y un rato después alguien ha dicho "hemos comido bien, pero una barbacoa cuando repitamos en verano estaría bien".
(Las citas son aproximadas. Se dice el pecado pero no el pecador. Para más información haber estado ahí)
Prestad atención al cuando porque la frase no era condicional. Me da la sensación, decid que lo siento en mis entrañas (en forma de sobras de la ensalada que he comido para cenar), que a lo largo de la semana un Rider sacará la agenda para ver qué fin de semana de verano podemos reservar para repetir esto. O puede que esperen a finales de marzo, cuando pase el próximo vivo de Aletheia. Pero un día un Rider cogerá su agenda y se preparará otra de estas con barbacoa y sangría o cerveza o limonada o agua de Valencia (o todo en algún momento); y más juegos y risas y gente rota luchando por respirar por la última gracia que alguien ha hecho.

lunes, 23 de noviembre de 2015

Arqueología emocional

Pensando en retomar el libro me ha tocado hacer un pequeño trabajo de arqueología.
Por una parte, me ha tocado buscar el libro en cuestión. Empecé mirando en varios ordenadores en busca de una copia de lo que tenía pasado al ordenador para ver qué tengo y sobre qué tengo que trabajar. Parece algo tonto, pero si llevas sin tocar un archivo 4 años o más ese trabajo reviste ya cierta dificultad. He cambiado varias veces de ordenador y he hecho copias, pero una copia del sistema no te deja acceder directamente a la información, te obliga a restaurarlo para poder ver qué documentos hay dentro. Al final encontré copia en mi portátil anterior, ese rojo precioso que me compré hace lo que parece una vida. Hace sólo 7 años, pero realmente parece otra vida. Por aquel entonces vivía en otra ciudad y con otro hombre, y tenía lo que parecía una carrera prometedora como investigadora por delante. Mucho ha pasado, mucho se ha convertido en humo, mucho me ha hecho cambiar.
También me ha tocado mirar por todas las estanterías en busca de una carpeta que tenía la lista de personajes y una copia en Din-A 4 del mapa del mundo. Eso no lo he encontrado. Me he mudado 3 veces en los últimos 7 años y parece que la carpeta se ha perdido en alguna de las mudanzas. Eso me hace tener que rehacer ciertas cosas, volver a pensarlas. Ni siquiera recuerdo del todo el mapa de mi mundo y eso que lo tuve colgado durante años en la pared que había al lado de mi escritorio.
Eso me lleva a la otra parte de la arqueología, esa que consiste en pensar cómo me sentía cuando escribí eso, en qué punto me encontraba hace 13 años, hace 12... Si 7 años parecen toda una vida... 12 parecen varias generaciones. Ha habido varias versiones de mí en los últimos 13 años y hay muy pocas personas que las hayan visto todas. Algunas estuvieron sólo en las primeras, otras pasaron de forma fugaz por mi vida y sólo vieron una de las versiones y otras sólo conocen alguna de las más nuevas. Si me pongo a pensar en la gente que me conozca bien desde hace 12 años creo que sólo me vienen a la cabeza 4 personas; desde hace 13 o más sólo hay 2. Claro está que en ese cómputo no entra mi familia, pero ¿qué adolescente se lo cuenta todo a su familia? También está el hecho de que creo que ninguno de ellos se leyó la primera versión de la novela, pero eso es otra historia.
En este punto, después de mi intento por recuperar parte de mi pasado, tengo que reunir todo lo que me queda para seguir adelante. Sin maquetar tengo cerca de las 300 páginas de una historia que sólo recuerdo por encima, aunque la tenga mucho cariño (o aunque la escribiera yo), parece un libro leído hace siglos. No tengo mapa, no tengo esquema de las líneas argumentales, no tengo esquema de lo que iba a pasar después; tengo una lista de personajes, la versión a ordenador y los cuadernos de la primera versión.
¿Realmente esto merece la pena?
Aquellos que me conocéis desde hace tanto tiempo... ¿merece la pena pararme a pensar en cómo me sentía entonces?¿en qué partes de mí dejé por el camino?¿en qué sentía y por quién?

domingo, 22 de noviembre de 2015

El metro de las dracolich

Hay noches en las que duermes del tirón plácidamente sin acordarte de nada más que de descansar.
Hay noches en las que no duermes porque estás desvelado pensando cosas.
Y hay noches en las que sueñas mucho, como si tu cerebro quisiera salir a vivir aventuras más allá de lo que es real o irreal; el sábado fue una de esas noches.


Soñé con una ciudad plagada de seres mezcla de humano y reptil pero que podían contagiar su condición por medio de heridas de todo tipo. Seres de piel escamosa y de color verde o marrón oscuro, con grandes garras, grandes dientes y cola prensil. Seres que estaban detrás de la desaparición de gente, de ataques y de que toda la ciudad estuviera en estado de pánico.

En mi sueño, formaba parte de un equipo que se iba a adentrar en la red de metro para cazarlos, acercándonos al anochecer, cuando ya se había cerrado el metro, para que no nos detuviera la policía. Teníamos la sensación de que tan malo podía ser lo que nos esperaba dentro, como que lo que trataba de protegernos desde fuera se diera cuenta de por qué nos tenía que proteger. No era el mejor momento y tampoco el mejor lugar, pero era nuestra mejor opción.
La entrada al metro era un gran arco de hormigón con puertas de cristal que daban paso a una gran sala con pasillos a varias alturas. Entramos en silencio, pero nada más llegar nos recibe la comitiva de bienvenida: uno de esos seres se sienta en la barandilla de hierro de uno de los niveles, se apoya en una columna cercana para mantener mejor el equilibrio y grita. Desde donde estamos no podemos ver bien como abre mucho la boca y enseña los dientes y una lengua larga y bífida; ni como finos hilillos de saliva se desprenden de su boca abierta cuando lanza un grito fuerte y agudo.
No nos entretenemos con la criatura, que desaparece poco después de aullar, sino que nos adentramos en los túneles del metro. Está oscuro, apenas podemos alumbrar el camino con las linternas que llevamos, y los aullidos nos acompañan dando la sensación de que las criaturas nos persiguen.



Y hasta aquí puedo leer... porque no recuerdo nada más del sueño. ¿Para qué voy a soñar con una hamaca puesta en el porche de una casa en medio del campo, pudiendo soñar con bichos que quieren comerme?

miércoles, 18 de noviembre de 2015

La novela inconclusa

Hace muchos años empecé una novela. 
Al principio, la escribía en la parte de atrás de mis diarios (esos que todavía conservo) y se juntaba con otro tipo de historias. Con el tiempo empecé a escribirla de forma independiente en cuadernos.

¿Cuánto estuve escribiendo?
Puede que dos años, no lo tengo claro. Numeraba las páginas y creo que al final había cerca de mil o puede que más. Esta primera versión sólo la leyó mi mejor amiga. Creo recordar que se enfadó conmigo cuando dejé de escribir.

¿Por qué lo deje?
Porque se empezaba a complicar mucho. Había muchos personajes y muchas tramas. Tenía el mapa de una de las ciudades y el mapa del mundo hecho a acuarela. El mapa no sé dónde está, la verdad es que con las mudanzas creo que he perdido cosas.
Creo que también dejé de escribir porque me rompieron el corazón, el que me inspiraba historias locas y me animaba a seguir ya no estaba allí y no veía razón para seguir escribiendo. Se podría decir que me abandonaron las musas.

Mis historias pasaron años en la estantería sin que las tocara, sin que las releyera ni las pasara a ordenador.
Tiempo después, cuando empecé a escribir un blog (sobre todo con poesía) creé una sección para la novela y empecé a repasarla.
No sé por qué dicen algunos escritores que es bueno encerrar las cosas en un cajón durante un tiempo, creo que es una tortura retomarlas. Soy de la opinión de que no se puede escribir dos veces la misma historia porque no puedes ser dos veces la misma persona. Cuando la retomé y empecé a pasarla a ordenador, mi historia ya no me gustaba. Me parecía demasiado simple o demasiado infantil, eliminaba páginas enteras o introducía nuevas cosas.
Es como mirarse en un espejo y no reconocerse. Verse deformado, estúpido. Estoy a años luz de la chica que no iba a la clase de "alternativa a la religión" para irse a un parque cercano a escribir; de la que estaba enamorada por primera vez y creía que todos sus personajes deberían de estar igual de enamorados. La verdad es que es una pena, algunas veces me gustaría volver a ser esa chica.
Cuando la repasé tampoco llegué a acabarla. Creo que llegué a publicar en el blog algo menos de lo que hubiera sido el primer libro y no recuerdo si pasé a ordenador todos mis cuadernos.
Con todo el tiempo que ha pasado, con las veces que intenté escribir y me quedé en blanco, con todas las veces que me surgía una nueva trama... sigo teniendo claro como acaba todo. Cierro los ojos y puedo ver la escena final como si fuera el primer día. Una escena que nadie ha visto, que está a mil páginas de lo que hay escrito, que no se salva de ser previsible. Pero la veo, recuerdo y sonrío.

Hace poco me dijeron que la retomara, que la volviera a repasar y que la mandara a alguna editorial para ver si me la publicaban.
Por una parte no me veo capaz de retocarla de nuevo, de escribirla de nuevo, puede que lo cambiara todo y puede que no cambiara nada.
Por otra, tengo miedo de acabarla y que se quede acabada y en un cajón sin que nadie la quiera leer y mucho menos publicar. ¿Y si después de todos estos años a lo único que llegara es a manchar papel con tinta que no dice nada? ¿A hacer borratajos ilegibles cuando quiero escribir demasiado rápido palabras demasiado difíciles de pronunciar?
La chica del parque lo tenía claro en su día. Escribía porque quería soltar todo lo que tenía dentro, porque cerraba los ojos y veía otro mundo, porque veía a su protagonista y le quería tanto como para darle un mundo. No había dudas ni miedos, sólo el impulso de escribir. ¡Qué suerte tenía!
Creo que sentiría vergüenza de mí. Me miraría y diría: ¿Pero dónde están mis sueños? ¿Por qué no escribo? ¿Por qué no pinto? ¿Por qué no salgo y hago locuras? ¿Alguna vez las hice, al menos? 
Qué triste tener que responder a eso.

El octavo clan

Hoy toca ración de libros. He tardado una semana en leer este, creo que lo de tener perro me afecta.
Se trata de un libro de Justine Evans, de hecho, su primer libro y no he encontrado referencias a futuros libros.


Se trata de un libro ambientado en un futuro distópico en el que Nueva York (en el libro Nyork) está prácticamente sumergida en el océano y sólo los edificios más altos siguen siendo habitables. Que nadie clame al cielo, la portada está bien hecha porque en el libro las torres gemelas siguen existiendo. ¿Por qué? Spoiles.
Es un libro con mucha acción en el que los personajes están continuamente jugándose la vida, es bastante sangriento pero es ágil y fácil de leer. Aparte de una acción trepidante y también tiene sus historias de amor. Se podría decir que es el libro de las historias de amor imperfectas y de los triángulos amorosos porque creo que hay muy pocos personajes que no estén enamorados de nadie.
El final me parece demasiado abierto para tratarse de un libro auto conclusivo, yo esperaría una segunda parte como mínimo aunque sí que resuelve la trama principal.
Es un libro recomendable (llegará el día en el que diga que un libro es un peñazo, seguro) que deja con ganas de más. Espero saber más de la autora en un futuro próximo.

martes, 17 de noviembre de 2015

Poema 1

Tienes que quererme entera:
lo bueno, lo malo,
lo bonito y lo feo.
Quiéreme hasta cuando no me quiera,
cuando voy despeinada y agotada,
cuando estoy enferma.
Quiéreme los días en los que estoy salvaje
que quiero morder y desgarrar,
que quiero arañar y hacer sangre,
que quiero hacer daño.
Quiéreme cuando prefiero ver el mundo arder
que saber que no estás cerca.
Quiéreme en la apatía de los días vacíos
cuando todo parece en vano y carente de sentido.
Quiere mis zonas en sombra,
mis partes oscuras e inconfesables.
Quiéreme entera
porque no admitiré
que me quieras de otra manera.


Por algo casi nunca escribo poesía :P

sábado, 14 de noviembre de 2015

Amores perros



Hace exactamente una semana que Zeus llegó a mi vida aunque supe de él hace casi dos meses. Lo primero que me enamoró fue su gran sonrisa y sus ojos marrones y cálidos. El amor es lo que tiene, cuando llega ya no puedes escapar.
En la última semana y media he descubierto que tenía las vacunas caducadas, que no se sabe cuándo se le desparasitó por última vez y que en sus papeles no aparece cuándo le castraron. Pero lo peor es que tiene artrosis aún a pesar de que es joven y eso es malo.
Mi amor perruno no es perfecto. Me parte el alma pensar que son cosas que el dueño anterior sabía y que por eso lo "abandonó". Es un gasto extra, es algo que vigilar y es posible que cosas tan simples como jugar a la pelota sean imposibles para él de aquí a un par de años. Ya no podrá hacer el cabra, mi pobre cabra montesa.
Mi amor perruno no es perfecto. Es cabezón y da cabezazos muy dolorosos. Hoy me dio uno en la nariz que vi las estrellas y la luna. El otro día estuvo cuarto de hora dándome cabezazos en los gemelos mientras caminábamos por un sendero estrecho. También le da cabezazos a las cosas, afortunadamente es un cabeza dura.
Mi amor perruno no es perfecto. Creo que le cuesta socializar y mucha gente se asusta cuando le ve con el bozal. Con en bozal no muerde, menos mal que no le veis bostezar con toda la boca abierta y llena de dientes. Destroza los juguetes y los huesos le duran nada. Hace unos días también cazó un peluche, pero a ese no le hizo nada.
Mi amor perruno no es perfecto. Yo tampoco.
Pero ¿sabéis una cosa? El amor no es perfecto pero, aun así, todos nos enamoramos.

[Escrito en sábado a las 2:00am. vía móvil]