lunes, 23 de noviembre de 2015

Arqueología emocional

Pensando en retomar el libro me ha tocado hacer un pequeño trabajo de arqueología.
Por una parte, me ha tocado buscar el libro en cuestión. Empecé mirando en varios ordenadores en busca de una copia de lo que tenía pasado al ordenador para ver qué tengo y sobre qué tengo que trabajar. Parece algo tonto, pero si llevas sin tocar un archivo 4 años o más ese trabajo reviste ya cierta dificultad. He cambiado varias veces de ordenador y he hecho copias, pero una copia del sistema no te deja acceder directamente a la información, te obliga a restaurarlo para poder ver qué documentos hay dentro. Al final encontré copia en mi portátil anterior, ese rojo precioso que me compré hace lo que parece una vida. Hace sólo 7 años, pero realmente parece otra vida. Por aquel entonces vivía en otra ciudad y con otro hombre, y tenía lo que parecía una carrera prometedora como investigadora por delante. Mucho ha pasado, mucho se ha convertido en humo, mucho me ha hecho cambiar.
También me ha tocado mirar por todas las estanterías en busca de una carpeta que tenía la lista de personajes y una copia en Din-A 4 del mapa del mundo. Eso no lo he encontrado. Me he mudado 3 veces en los últimos 7 años y parece que la carpeta se ha perdido en alguna de las mudanzas. Eso me hace tener que rehacer ciertas cosas, volver a pensarlas. Ni siquiera recuerdo del todo el mapa de mi mundo y eso que lo tuve colgado durante años en la pared que había al lado de mi escritorio.
Eso me lleva a la otra parte de la arqueología, esa que consiste en pensar cómo me sentía cuando escribí eso, en qué punto me encontraba hace 13 años, hace 12... Si 7 años parecen toda una vida... 12 parecen varias generaciones. Ha habido varias versiones de mí en los últimos 13 años y hay muy pocas personas que las hayan visto todas. Algunas estuvieron sólo en las primeras, otras pasaron de forma fugaz por mi vida y sólo vieron una de las versiones y otras sólo conocen alguna de las más nuevas. Si me pongo a pensar en la gente que me conozca bien desde hace 12 años creo que sólo me vienen a la cabeza 4 personas; desde hace 13 o más sólo hay 2. Claro está que en ese cómputo no entra mi familia, pero ¿qué adolescente se lo cuenta todo a su familia? También está el hecho de que creo que ninguno de ellos se leyó la primera versión de la novela, pero eso es otra historia.
En este punto, después de mi intento por recuperar parte de mi pasado, tengo que reunir todo lo que me queda para seguir adelante. Sin maquetar tengo cerca de las 300 páginas de una historia que sólo recuerdo por encima, aunque la tenga mucho cariño (o aunque la escribiera yo), parece un libro leído hace siglos. No tengo mapa, no tengo esquema de las líneas argumentales, no tengo esquema de lo que iba a pasar después; tengo una lista de personajes, la versión a ordenador y los cuadernos de la primera versión.
¿Realmente esto merece la pena?
Aquellos que me conocéis desde hace tanto tiempo... ¿merece la pena pararme a pensar en cómo me sentía entonces?¿en qué partes de mí dejé por el camino?¿en qué sentía y por quién?

2 comentarios:

  1. Siempre merece la pena mirar atrás y recordarnos, no sólo para saber quienes fuimos, si no también para saber lo que hemos aprendido.

    ResponderEliminar
  2. Creo que también merece la pena recordar el camino, el viaje que te ha llevado a cómo eres hoy con todo lo que te haya pasado y con esas personas, porque siempre se aprende algo, y porque con todo eso, somos como somos.

    Me alegro de que retomes el libro :D

    PD: si que hace años... si...

    ResponderEliminar