Hace muchos años empecé una novela.
Al principio, la escribía en la parte de atrás de mis diarios (esos que
todavía conservo) y se juntaba con otro tipo de historias. Con el tiempo empecé
a escribirla de forma independiente en cuadernos.
¿Cuánto estuve escribiendo?
Puede que dos años, no lo tengo claro. Numeraba las páginas y creo que al
final había cerca de mil o puede que más. Esta primera versión sólo la leyó mi
mejor amiga. Creo recordar que se enfadó conmigo cuando dejé de escribir.
¿Por qué lo deje?
Porque se empezaba a complicar mucho. Había muchos personajes y muchas
tramas. Tenía el mapa de una de las ciudades y el mapa del mundo hecho a
acuarela. El mapa no sé dónde está, la verdad es que con las mudanzas creo que
he perdido cosas.
Creo que también dejé de escribir porque me rompieron el corazón, el que me
inspiraba historias locas y me animaba a seguir ya no estaba allí y no veía
razón para seguir escribiendo. Se podría decir que me abandonaron las musas.
Mis historias pasaron años en la estantería sin que las tocara, sin que las
releyera ni las pasara a ordenador.
Tiempo después, cuando empecé a escribir un blog (sobre todo con poesía)
creé una sección para la novela y empecé a repasarla.
No sé por qué dicen algunos escritores que es bueno encerrar las cosas en un
cajón durante un tiempo, creo que es una tortura retomarlas. Soy de la opinión
de que no se puede escribir dos veces la misma historia porque no puedes ser
dos veces la misma persona. Cuando la retomé y empecé a pasarla a ordenador, mi
historia ya no me gustaba. Me parecía demasiado simple o demasiado infantil,
eliminaba páginas enteras o introducía nuevas cosas.
Es como mirarse en un espejo y no reconocerse. Verse deformado, estúpido.
Estoy a años luz de la chica que no iba a la clase de "alternativa a la
religión" para irse a un parque cercano a escribir; de la que estaba
enamorada por primera vez y creía que todos sus personajes deberían de estar
igual de enamorados. La verdad es que es una pena, algunas veces me gustaría
volver a ser esa chica.
Cuando la repasé tampoco llegué a acabarla. Creo que llegué a publicar en el
blog algo menos de lo que hubiera sido el primer libro y no recuerdo si pasé a
ordenador todos mis cuadernos.
Con todo el tiempo que ha pasado, con las veces que intenté escribir y me
quedé en blanco, con todas las veces que me surgía una nueva trama... sigo
teniendo claro como acaba todo. Cierro los ojos y puedo ver la escena final
como si fuera el primer día. Una escena que nadie ha visto, que está a mil
páginas de lo que hay escrito, que no se salva de ser previsible. Pero la veo,
recuerdo y sonrío.
Hace poco me dijeron que la retomara, que la volviera a repasar y que la
mandara a alguna editorial para ver si me la publicaban.
Por una parte no me veo capaz de retocarla de nuevo, de escribirla de nuevo,
puede que lo cambiara todo y puede que no cambiara nada.
Por otra, tengo miedo de acabarla y que se quede acabada y en un cajón sin
que nadie la quiera leer y mucho menos publicar. ¿Y si después de todos estos
años a lo único que llegara es a manchar papel con tinta que no dice nada? ¿A
hacer borratajos ilegibles cuando quiero escribir demasiado rápido palabras
demasiado difíciles de pronunciar?
La chica del parque lo tenía claro en su día. Escribía porque quería soltar
todo lo que tenía dentro, porque cerraba los ojos y veía otro mundo, porque
veía a su protagonista y le quería tanto como para darle un mundo. No había
dudas ni miedos, sólo el impulso de escribir. ¡Qué suerte tenía!
Creo que sentiría vergüenza de mí. Me miraría y diría: ¿Pero dónde están mis
sueños? ¿Por qué no escribo? ¿Por qué no pinto? ¿Por qué no salgo y hago
locuras? ¿Alguna vez las hice, al menos?
Qué triste tener que responder a eso.
Escribe la novela.
ResponderEliminarEscribe la novela. 2º Aviso :p
ResponderEliminarPiensa que sería contar esa misma historia desde otro punto de vista, con la misma mentalidad pero con más madurez (si eso es posible en tí :D )
Puedes hacerlo!